Creo que en pocas ocasiones (más bien nunca) os he hablado de esta imprescindible reflexión que debemos llevar a cabo juntas por tratarse de un ámbito donde claramente emergen nuestras inquietudes e inseguridades y el cual repercute directamente en nuestro bienestar.
La enfermedad me ha hecho detener todas mis relaciones sociales, levantar un muro que separa el mundo exterior de mi universo interior. No tenía (o tengo, no lo sé) el suficiente equilibrio emocional para amar a otra persona cuando no puedo siquiera amarme a mí misma, o amarme en la vida, en lugar de en la apatía y desconsuelo ante la vida.
El sexo era un universo desconocido que me producía mucha inseguridad por mi inexperiencia e incertidumbre, pero sobre todo por ser algo que escapaba a mi control y que temía fuese mi asignatura suspensa cuando para ser deseada debías ser tan buena en ello como creías que eran las mujeres de las películas, o las series, tipo "Sexo en nueva York". Hace sólo un año (y a veces ahora también), observaba y envidiaba a las chicas que trataban el tema con mucha naturalidad cuando a mí se me hace algo inmenso.
No me paré a pensar bien que antes de ofrecerle mi amor a alguien, debía ofrecérmelo a mi misma. No me di cuenta de que, mis prisas por crecer, mi sentimiento de dependencia y el miedo al abandono, me hicieron acelerar un proceso para el que aún no estaba preparada. Existía una gran exigencia propia que estaba proyectando hacia un momento ideal e inexistente. Así pues, en mi primera experiencia, no hubo ni compenetración, ni disfrute, ni placer...
Años después llegó el chico de mis sueños. El chico perfecto. Ese chico dulce, atento y cuidadoso con el que llevaba soñando desde que tenía uso de razón. Aquel príncipe de las películas de Disney. Y el sexo se convirtió para mi en un dejarme llevar y disfrutar. Y esto último, disfrutar y sentir placer, era lo que menos se me pasaba por la cabeza cuando pensaba en el sexo. Él hizo que mi concepto sobre las relaciones sexuales cambiase por completo. De algún modo me sentí más completa y liberada porque había logrado difuminar los límites que yo misma me imponía y aquella cosa inmensa que era el sexo se había vuelto algo más de la vida misma, un universo por descubrir para mi mente inquieta. El haber “sentido tanto” ya no consistía sólo en experimentar un gran dolor sino en “sentir tanto” desde todas las sensaciones vitales que despertaban en mi piel y en mi mente porque el sexo no es nada si se trata de dos cuerpos vacíos, pero es una pieza esencial a indagar si se trata de dos cuerpos y dos mentes pues la imaginación, la abstracción, el deseo y el amor se abrazan de un modo exclusivo e íntimo en cada humano que vive su sexualidad.

Pero con estas primeras experiencias llegaron también nuevas inseguridades que antes no me preocupaban del mismo modo. Alguna vez he rechazado una oportunidad con una persona que me estimulaba no sólo física sino intelectualmente por no sentirme ese día cómoda con mi cuerpo. A la luz, la otra persona podía ver completamente mi anatomía desnuda y yo desconfiaba de si lo que viese le gustase o no, lo que no podía provenir sino de la inseguridad propia: ¿me gusta a mí mi cuerpo desnudo frente al espejo? Si pensaba de este modo, yo no merecía estar con un chico de gran físico, yo estaba valorando sólo a un hombre por su físico, y yo le estaba dando la razón a aquellos que pensaban que una chica algo más rellenita no podía estar con un chico guapo y delgado si no era por otras consideraciones, y viceversa. Así que pensé que tenía que valorar a cualquier chico que quisiese estar conmigo, fuese como fuese (tanto física como personalmente). Me he anulado como persona. No tengo en cuenta mis gustos ni mis necesidades. Actúo por propia inercia, hago lo que "se supone que tengo que hacer", me agarro a la primera persona que pase e intento satisfacerla para evitar que se vaya de mi lado. Porque yo no merezco nada mejor. Porque nadie me va a querer. Porque no tengo derecho a fijarme en personas que estén por encima mío.
Detesto esta situación, detesto este sentimiento de sometimiento, detesto la sensación de inferioridad, detesto no poder decir lo que quiero. Porque no se trata ya de sexo por simple placer, se trata de sexo por amor, y ser rechazada por alguien por quien no sientes nada a pesar de ser algo que obviamente duele, no importa demasiado. Pero ser rechazada por alguien a quien amas, te produce un miedo atroz.
¡Y qué puedo decir más que arriesgad, dejaros llevar y no le deis mil vueltas a todo! Aprended un poco de mis errores y sobre todo, aprended de los vuestros. No os quedéis estancadas en un punto como yo. Pensad un poco en vosotras mismas y no temáis pedir lo que queréis.
Yo deseaba que la persona a la que amaba sintiese todo el placer posible. Y eso me anulaba a mi como persona. Pensad en la otra persona, sí, pero no os olvidéis nunca de vosotras mismas.
Cualquiera se ha sentido inseguro, hasta esa persona que idealizamos y creemos que es imposible que se acompleje por su físico y desparpajo. Hasta esas personas tienen más inseguridades de las que imaginamos porque no se trata de tener o no tener, sino de aceptarse o no aceptarse. Eso es lo que marca la diferencia y la seguridad entre unos y otros. La seguridad que trasmitimos no se basa en tener un cuerpo 10 idealizado, sino en expresar a los demás nuestra aceptación.
Cuando conozco a un chico que me gusta emerge la duda “¿le gustará mi físico?”. Y es normal, nos pasa a todos. No es enfermo pensarlo porque es importante para nosotros el amor y la compenetración con nuestro compañero/a y hacer el amor con tu pareja es algo con connotaciones no sólo psíquicas sino carnales, que implican una atracción y requiere de confianza a varios niveles. Por experiencia puedo decir que lo mejor es que te dejes llevar y que arriesgues, que en el fondo todo no es más que un juego y que te sorprenderás a ti mismo/a al poder disfrutarlo sin tensiones cuando te des la oportunidad.
Cuando conozco a un chico que me gusta emerge la duda “¿le gustará mi físico?”. Y es normal, nos pasa a todos. No es enfermo pensarlo porque es importante para nosotros el amor y la compenetración con nuestro compañero/a y hacer el amor con tu pareja es algo con connotaciones no sólo psíquicas sino carnales, que implican una atracción y requiere de confianza a varios niveles. Por experiencia puedo decir que lo mejor es que te dejes llevar y que arriesgues, que en el fondo todo no es más que un juego y que te sorprenderás a ti mismo/a al poder disfrutarlo sin tensiones cuando te des la oportunidad.
(Con ayuda de Sandra Alonso).
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