Música

“Que la comida sea tu alimento y el alimento tu mejor medicina” Hipócrates

domingo, 24 de noviembre de 2013

"De la falta nace el deseo"

Me he dado cuenta, en estos casi tres meses de hospitalización, de todo lo que tenía y no apreciaba: mi familia, mis amigos, mi casa... y Antonio. ¡Cuánta gente habría pagado por tener mi vida!
Quiero recuperarla, sin enfermedad, y haré lo que sea porque las pérdidas sean mínimas. Quiero volver a ser la persona que era: charlatana, viva, alegre, inteligente, trabajadora, cabezona, orgullosa, competitiva, constante, imaginativa, confiada... feliz. Una persona con sus virtudes y defectos pero, sobre todo, que destacaba por sus ganas de vivir. Quiero recuperarme a mi misma.
Merece la pena. ¿Quién quiere vivir toda su vida en un infierno frío cuando puede vivir bajo la calidez de los abrazos más sinceros? (Antonio, es una indirecta para ti).
Y es que, chicas, la enfermedad NO nos da nada: ni belleza, ni seguridad, ni novios, ni leches en vinagre. La enfermedad va acabando con lo que teníamos, poco a poco... sin que nos demos cuenta.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

No me gustan las despedidas.

No me gustan las despedidas, las llevo evitando toda mi vida. Me hago dependiente a algo o alguien para asi evitar tener que decir adiós a lo que tanto quiero... o a lo que tanto necesito.
Pero ya es hora de despegarse. Así que adiós, voy a desintoxicarme de todo aquello que me ata a esta enfermedad. Y eso incluye internet y este blog.
Adiós, Internet.
Adiós, hombres que no merecen la pena.
Adiós, enfermedad.



Hola, vida. 

viernes, 30 de agosto de 2013

Llueve sobre mojado.

Ahora me cuesta más escribir que antes. Me cuesta más expresar lo que siento con sinceridad. Antes me daba igual decir "estoy triste", "tengo miedo" o "tengo un subidón tan grande que te follaría ahora mismo". Ahora, algo me lo impide. 
Supongo que antes podía soltar cualquier burrada sabiendo que el 50% de ella era verdad y el 50% de ella era causada por la euforia, la depresión o mi trastorno límite. O porque me salía del chichi decir una burrada y quedarme con la gente. A veces me gusta soltar una bomba, salir corriendo y ver la cara de susto de la gente. 

Pero ahora... ahora intento tomarme mis sentimientos o mis emociones con humor. Uso el sarcasmo para todo con la intención de quitarle hierro al asunto. Pero todos sabemos que "toda broma tiene su parte de verdad". Así que probablemente, si diga "tengo un subidón que te follaría ahora mismo" no tenga para mi el mismo significado que antes. Estaré riendo seguramente, pero por dentro estaré pensando "sí, sí... ríe cabrón... que ya verás como te pille". 

Obviamente, esto no es lo que me preocupa. No tengo ningún problema en hablar de sexo. Todos sabéis qué es lo que me cuesta expresar a mi: "te echo de menos", "me alegro de que estés aquí", "necesito un abrazo", "tengo ganas de llorar", "eres importante para mi", "me gustas"...

lunes, 26 de agosto de 2013

Devuélveme mis alas.

Me he quitado un gran peso de encima. Y ahora me doy cuenta de que no vomitaba por perder unos gramos, lo hacía para echar de mí esta carga que me está consumiendo. Es como una gran bola que se mueve dentro de mi estómago, no sé si alguna vez habéis tenido esa sensación. Me pesa. Me hace sentir hinchada e incómoda. No puedo moverme con naturalidad. Y, en ocasiones, se hace tan, tan grande que llega a aprisionarme el pecho. Se mete en mis pulmones y me corta la respiración.
Me hace estar insegura, triste o nerviosa.

La noto en la garganta cuando alguien me dice que "no". Es ese saborcillo amargo a rechazo. 
La noto en el pecho después de ser gritada o insultada. Es esa opresión causada por no haber sido escuchada.
La noto en el estómago cuando estoy al lado del chico que me gusta... ese maldito e inoportuno miedo a no ser correspondida. 

Hoy la bola se ha hecho un poco más pequeña. Hoy he quitado el papel que tapa mi espejo y he contemplado mi reflejo después de mucho tiempo. Miré a esa niña que lloraba y le prometí que nunca, NUNCA más me iba a cortar por un gilipollas. Ni por nada. Nunca más voy a vomitar para echar lo que tengo dentro. Basta ya. Me pican los ojos de tanto refregar mis lágrimas. Me escuece la garganta de echar tanta mierda de la forma incorrecta. Quiero vivir ya de una vez. Quiero volver a mi vida de antes. Tengo sueños, ilusiones, metas por cumplir... y no voy a dejar que NADIE me impida vivirlas. 
Quiero poder reír sin sentir que no lo merezco. Quiero poder entablar una conversación con un extraño sin sentir que estoy haciendo el ridículo. Quiero poder levantarme sin sentir que he fracasado en mi vida. Quiero poder decir que voy a terapia sin sentirme como una puta loca. Quiero poder besar a alguien sin sentir que soy una puta. Quiero poder ser presentada al mundo sin sentir que soy una vergüenza. Porque ya no soy nada de lo que me hiciste creer. YA NO SOY NADA DE LO QUE ME HICISTE CREER.

Y al gritarme eso a mi misma, una y otra vez hasta creérmelo, algo sale de mi. Me siento más ligera. Voy a ser fuerte. Voy a ser fuerte. Voy a ser fuerte... SOY FUERTE.

No me arrepiento de nada, lo pasé bien. Pero es hora de que me dejes ir de una vez.

Devuélveme mis alas.



Si le hubiera cortado las alas, no habría escapado, habría sido mío.
 Pero así, habría dejado de ser pájaro y yo, lo que amaba era el pájaro.














The Reason-Hoobastank

Broken Strings- James Morrison






domingo, 25 de agosto de 2013

Gallinas.

Nos llaman "Familia Gallina", es el mote que ha tenido mi abuelo materno y sus antepasados en el pueblo desde siempre. Pero yo creo que ni una sola persona de las que componen esta familia hace honor a este nombre. Cada uno tiene su lucha personal, su historia, su carácter, su vida... y aún así, todos están muy unidos. Los envidio. Envidio la fortaleza que tienen, tanto juntos como por separados. No me siento parte de esta familia. No soy como ellos. No soy valiente, ni fuerte, ni trabajadora, ni constante. No soy "una gallina". Soy lo que el resto del mundo entendería como gallina, pero no "una gallina". Soy de esas que al simple ruido de un cacareo, sale corriendo. Asustadiza. Tengo miedo, mucho miedo. Miedo a ser yo y ser alguien que no me gusta. Miedo a decir lo que siento y no ser correspondida. Miedo a fracasar, a no ser aceptada.
Mi familia no me ha enseñado esto que soy. Mi familia me ha enseñado a labrar las tierras sin descanso, por muy áridas que sean.


No soy capaz de disfrutar las reuniones familiares. Soy una extraña que aparece sólo para comer y se va a su habitación con su ordenador. Escucho a mis primos gritar y reír y me entran ganas de reír con ellos... entonces pienso que se vería ridículo. "Nadie quiere jugar ni reír contigo, Dani", "eres demasiado seria", "no bajes, estúpida, sólo vas a aguarles la fiesta".
Les quiero, pero me da miedo decirlo. Me da miedo expresarlo siquiera. ¿Y si ellos no me quieren?



"Gallinitas"






Los machos de la casa :)
                                                                                                       
Mis chicas gallinas. Locas, locas todas.




Me gustaría ser como ella. Adoro cada pedacito de su ser: su personalidad, su extravagancia, su inteligencia, su risa, su constancia, sus ojos, su cuerpo... su capacidad para amar. Toda ella es adorable. La quiero.

jueves, 22 de agosto de 2013

14 días.

"Bueno... pues... que me voy a un 24 horas, al de Barcelona". 
Mi voz se quebró y mis labios temblaron. Sabía lo que venía a continuación de ese tembleque mío tan característico. Así que respiré e intenté controlarme. Alicia, mi mejor amiga en el centro, estaba a mi lado y me cogía de la mano. 
Miré alrededor. Todas estaban en sus sillas, mirándome.
Silencio. 
La terapeuta preguntó si alguien quería decir algo. Algunas me preguntaron por qué me iba, otras me preguntaron que cuándo me trasladaba, alguna me comentó que si era lo mejor para mi, que adelante... Alicia me dijo que me iba a echar de menos. Y mis ojos se humedecieron. No, Daniela, no. Mantente fuerte.
Luego otra chica me dijo "Te estaremos esperando cuando salgas de allí". 
Rompí a llorar. Nadie dijo nada más. 
Yo dije "gracias" y me quedé quieta, esperando a que nadie hubiera notado nada. 
La terapeuta nos mandó a levantar y Alicia me abrazó. Voy a echar de menos a esa niña, y mucho.
Voy a echar de menos a Carol y sus abrazos. 
Y a Sandra, esa pequeñaja que se parece endemoniadamente a mi. A Lucía y su sentido del humor. A Ana P y sus historias, a Nuria, a Alba, a las Anas, a Marta, a Laurita, a Natalia... a todas las que empezaron conmigo, a las que ya estaban y a las que vinieron nuevas. 

Pero, sobre todo, voy a echar de menos a Isabel, mi terapeuta. Porque aunque me costase confiar en ella en un principio, le he cogido mucho cariño. Porque ha hecho por mí más que cualquiera de todos los psicólogos que he tenido en estos cuatro largos años. Porque siempre ha mirado por mi bienestar. Porque me he hecho sentir escuchada, cuidada, en confianza... 
Me gustaría decirle todo esto y darle las gracias, pero sé que no lo haré. No al menos en persona. Me cuesta reconocer que alguien me importa... ¿Y si no recibo lo mismo? 
Pero, sea como sea, y aunque nuestra relación haya sido algo fría y distante, Isabel ha sido sin duda una "amiga a la que le contaba mis problemas" más que una psicóloga. 


Fotos del centro ABB Sevilla





martes, 20 de agosto de 2013

Me hago la dura, pero no lo soy.

Me da pánico mostrar a alguien mis sentimientos y ser rechazada por ello, dar amor y no recibir, hablar y que no se me escuche, decir "me gustas" y que no sea correspondido. 
Tengo la teoría de que es por mi padre, por la total falta de expresión de emociones que vivo en mi familia y por Pablo. 
Sea como sea, llevo años controlándome a mi misma para no sentir demasiado, no hacerme demasiadas ilusiones y, sobre todo, para no mostrarle a los demás que estoy pillada por alguien. No, Daniela no se puede pillar por nadie. No hasta que ese alguien venga y le diga primero que él también está pillado por ella. Me da miedo que mis sentimientos no sean correspondidos, o que no estemos al mismo nivel. Así que espero a que el otro venga y me diga lo que siente... y ya luego yo me pronuncio. Nunca, nunca, soy la primera en decir "te quiero". 
Es lo que se llama "no arriesgar". 
Pero... como todos saben, quien no arriesga, no gana. Estoy cansada de decir lo que siento mediante canciones, mediante indirectas o mediante ironías que no llevan a nada. Me gustaría poder decir lo que pienso a cada momento sin miedo a hacer el ridículo, de igual manera que me gustaría que me lo dijeran. 

Pero supongo que es lo más sensato. Dada la situación. Porque... no siento nada. 



miércoles, 14 de agosto de 2013

"Que bajen tus labios y me callen"

Dicen que una mujer es capaz distinguir si un hombre le atrae o no en tan sólo 8 segundos de contacto visual. En ese primer encuentro, ella ya sabe si el hombre al que está mirando es un posible candidato a rollete o novio. 
Siempre me ha parecido un dato curioso. ¿Y si luego resulta que el tío es un cretino, qué? ¿De verdad bastan con 8 segundos? 
A mi me hicieron falta 5:58 minutos para darme cuenta de que quería tenerte como fuera. El tiempo de una canción. Quería tenerte entre mis brazos, entre mis labios... entre mis piernas. 

No sé qué tiene este hombre. De verdad que no lo sé. No es un 10 en cuanto al físico, pero es hablar con él y... activarme, por decirlo de una forma acta para todos los públicos. 


Hace tiempo me di un consejo a mi misma: "Déjate llevar. Deja que sea la música quien te elija a ti y no tú quien elijas la música que escuchar."
Quizás sea hora de plantarle cara al azar y darme cuenta de que el destino no es más que aquello que voy construyendo con mis movimientos, así como un jaque mate se consigue jugada a jugada. Ya es hora de tomar decisiones y buscar la canción que quiero escuchar. No quiero que nada ni nadie decida por mi. Es lo más cómodo, pero... ¿a dónde me ha llevado?
Yo no quería un helado de nata con nueces, yo quería uno de chocolate.

Pero ya es tarde.
Y me jode. Me jode no haberme lanzado... lanzado sobre ti, quería decir. 


viernes, 9 de agosto de 2013

¡Sorpresa!

¿No os lo esperabais, eh? Yo tampoco, la verdad.

Estos días atrás he ido diciendo a diestro y siniestro que iba a cerrar el blog y he hecho creer a a todos que así era. 
El cierre del blog se debía a que demasiada gente de mi alrededor sabía ya de su existencia. Empezó por Antonio, luego se enteraron un par de amigos y más tarde, no sé cómo, mi madre dio con él. Y ahora, hace un par de días, la ex de Antonio. Eso ha sido el colmo de los colmos. Que mi madre lo supiera me fastidiaba bastante, pero que Carmen (la ex de Antonio) tuviera acceso a toda mi vida, eso era espeluznante. Se había enterado de mi trastorno, de todos mis líos amorosos y sabía exactamente qué hacer y decir para machacarme. Me había vuelto vulnerable. Y una ex cabreada es el animal más peligroso que existe.
Así que, aunque no quisiera, aunque me diese pena, decidí que tenía que cerrar todo antes de que la voz se extendiese por toda la ciudad.
Pero he recibido tantos mensajes pidiéndome que no lo hiciera, que me lo pensé. Así que me puse a buscar la forma de poder bloquear el blog y mantenerlo abierto sin que nadie "peligroso" lo leyera. 
He privatizado el twitter (de ahí el candadito) y sólo pueden leerme las personas a las que yo doy el visto bueno para que me sigan. 
En cuanto al blog, he cambiado la dirección url de forma que si me buscan por la antigua dirección aparece que el blog está cerrado. Sólo pondré la dirección correcta del blog en twitter y, como nadie de "fuera" puede leer mis tweets, nadie podrá conocer la nueva dirección. Ni Carmen, ni mis amigos, ni mi madre, ni Antonio.

En cuanto a las entradas nuevas, bueno, las escribí pensando que realmente iba a eliminar el blog. Así que me volqué en ellas pensando que eran las últimas que escribía. Pero afortunadamente no es así. 



Algún día cerraré el blog de verdad. Toda esta trapatiesta me ha hecho darme cuenta de que no puedo estar toda mi vida pendiente a un blog o a unas personas que están a miles de kilómetros de mi. Sí, es cierto que ahora mismo es lo que me da vida, pero no debería ser así. Deberían llenarme otras cosas, como salir con amigos, un buen concierto, tomar un helado con mi pareja, dar un paseo por el río, hacer remo, ir a correr con mi hermana, pasar una tarde entera en el césped del campus universitario, un beso de esos que te hacen temblar... Quiero vivir la vida que me espera ahí fuera. 
Sé que cuando mi vida me absorba más que Internet, el blog pasará a un segundo plano y lo cerraré. Pero ahora no era el momento. Aún me tendréis por aquí un buen rato. Sólo espero que no os canséis de mi.

martes, 6 de agosto de 2013

Pequeña de las dudas infinitas.

Soy de esas que cuando va a una heladería se le ponen los ojos como platos y se le hace la boca agua al ver tantos sabores diferentes. Lleno los ojos antes que el estómago. Me pongo nerviosa, me entra la ansiedad y no sé cuál elegir. Me gustaría poder pedirme una tarrina de cada, pero me da miedo engordar. 

Mi helado preferido es el de nata con nueces. Lo he pedido miles de veces. Se podría decir que soy bastante fiel a ese helado, pero a veces me gusta cambiar de sabor por no aborrecerlo. Otras veces, simplemente, es que en la heladería a la que voy no lo encuentro y, aunque me apetezca, no me queda más remedio que comerme otro. 
Normalmente, como tardo tardo tanto en elegir, la heladera, que me ve pasear los ojos delante de la cristalera con cierto dolor, se ofrece a darme a probar algún helado para ver si así salgo de dudas. Me da una cucharadita de uno de los helados, "pruébalo, sin compromiso" me dice. 

Así que al final, tras un largo paseo por el escaparate y esa dulce cucharadita de prueba, acabo eligiendo una tarrina de doble sabor. Siempre. Rara vez pido una tarrina de un sabor único. ¿Por qué tener uno cuando puedes disfrutar de dos? En menor cantidad, pero son dos sabores diferentes, al fin y al cabo.

La única pega es que, en mitad de la tarrina, donde se unen los dos helados, se mezclan los sabores. 





Algo es algo para mi mente enferma.

Estos días, lo único que me saca algún sentimiento es ver que estoy adelgazando.
No es felicidad, porque ¿quién puede ser feliz en este estado de depresión y soledad? Pero es algo muy parecido. Orgullo, quizás. Esperanza. Esperanza de cambio, yo qué sé.

Pero cada vez que me pongo las manos sobre la cintura y veo que está encogiendo, no es que sonría físicamente, pero sí por dentro. Toco las costillas y algo en mí entra en paz conmigo misma. Esos pequeños huesecillos que al principio sólo se me notaban tumbada y ahora empiezan a asomar, tímidamente, incluso en posición vertical, hacen que todo esto tenga algo de sentido... Por ridículo que sea.

Escrito el 4/8/13




Soy un muerto que, sin ganas, despierta cada día.

Estoy muerta.

Esto es lo que deben llamar “estar muerta en vida”. No tengo ilusiones, no tengo ganas de nada, no tengo fuerzas, no tengo motivación… Me paso el día en mi cuarto, escuchando música. Canción tras canción y mi cara permanece igual, inexpresiva.
No tengo ganas de ver a nadie. Tampoco nadie me llama. ¿Quién es el loco que se comunica con un muerto?

No tengo ganas de comer, tampoco lo necesito. Estoy muerta. No necesito alimentarme nunca más.


Escrito el 4/8/13. 




Odio y culpa.

Vuelves a mirarte, las miradas de odio que te diriges a ti misma podrían partir el espejo en dos. Todos quieren ayudarte pero tú no te dejas. Que sabrán ellos, nunca podrán ponerse en tú lugar ni entender por qué haces todo esto. Jamás sabrán como es sentir asco por uno mismo. Porque eso es lo que sientes, un terrible asco que te invade por dentro y te va pudriendo. Es asco hacia lo que eres, hacia lo que piensas y dices, hacia lo que respiras incluso. Te odias por todo. La culpa te invade desde hace ya varios años y te tiene atormentada. La única forma de que desaparezca es desapareciendo tú también. 


Quisieras decirle a todos que no haces esto por sentirte más guapa o gustar a nadie, lo haces porque en tu cabeza hay algo que te recuerda que eres insignificante, y cada vez que te miras al espejo, esa voz crece y se hace más fuerte… y solo consigues acallarla de una forma… "Eres un ser despreciable y por eso mereces que te hagan daño".
Vuelves a mirarte, el rumor en tu cabeza vuelve a aparecer: “Dime, ¿te gusta lo que ves?” Niegas con la cabeza. De nuevo, llorando, abres la tapa del retrete y lo haces. Una vez tras otra, solo ácidos gástricos que desgarran el tejido de la garganta y la piel de tus dedos. 
Bilis y sangre. Hasta que ya no queda nada... 

...Sólo esa culpa en tu interior. 



El hombre pobre.

Había una vez un pobre hombre, muy pobre, muy pobre. Era pobre de bolsillo, pobre de corazón, y pobre de espíritu; fíjate si era pobre.
Vivía entre dos cajas los días de primavera, en aquel banco maloliente del parque en verano, en aquel portal frío los días de lluvia.
Pasaba las mañanas sentado en la esquina de la iglesia esperando que las ancianitas que por allí pasaban le dedicasen alguna sonrisa lastimera y alguna monedilla suelta. Las tardes las pasaba buscando algo que llevarse a la boca. Siempre recorría el mismo camino hasta llegar al mismo contenedor de siempre y buscar los mismos restos de basura de siempre: alguna lata a medio terminar, algún yogurt pasado de fecha, y con suerte, un trozo de pan.
Siempre la misma historia. Siempre el mismo problema. Siempre el mismo camino. Siempre la misma solución. ¿Para qué cambiar? No tenía la valentía suficiente como para cambiar su vida, pedir ayuda, arreglarse un poco, hacer algún cursillo de esos del ayuntamiento y buscar algún trabajo (recordemos que éste era un hombre muy pobre, muy pobre… pobre de bolsillo, pobre de corazón, y pobre de espíritu).

Una tarde, cuando se disponía a hacer su camino de siempre para llegar a su contenedor de siempre, se encontró con que éste estaba cortado por obras. ¡Vaya mala suerte! Ahora tendría que dar un rodeo por otro camino para llegar a su contenedor de siempre.
Se dio media vuelta y anduvo hacia el camino alternativo. Llegando a la esquina de la calle… ¡la virgen! ¡Un billete en el suelo! Un billete… ¿un billete marroncito? ¿anaranjado? …¿amarillento? Miró hacia un lado y otro de la calle: no había nadie. Se acercó poco a poco… se agachó y tomó el billete entre sus manos: ¡50€!
El pobre hombre saltó, gritó de júbilo, lloró de alegría… Nunca antes había sido tan rico.
Fue corriendo a un bar, y se pidió un festín, y comió… con ganas, como nunca antes había comido. Luego fue a una tienda de ropa y se compró un par de zapatos… Más tarde quiso ir a comprar una sudadera, pero vio que solo le quedaban 1’25€. ¿Dónde había ido a parar toda su fortuna?
El pobre hombre, muy apenado, se acostó en el banco maloliente (hoy tocaba parque).
A la mañana siguiente, como de costumbre, fue a la puerta de la iglesia. Al llegar la tarde, como de costumbre, se dispuso a ir a su contenedor de siempre. Pero esta vez, una idea cruzó su cabeza: cogería por el camino nuevo, con la esperanza de encontrar otro billete.
Andaba deprisa, con el corazón ‘encogío’, deseando llegar a la esquina del día anterior. Llegó. Ya la veía. Se acercó corriendo. ¿Y el billete? ¿Dónde estaba el billete? “Quizás aún no ha aparecido, esperaré aquí… no tengo prisa”. Y allí esperó el pobre hombre toda la tarde… y toda la noche.
A la mañana siguiente pensó que tal vez alguien se lo había quitado ya, así que ese día no se movió de allí. Esperó y esperó… pero el billete no aparecía.
Pasaron dos días y el hombre no se movía ni para buscar algo que llevarse a la boca.
Él seguía empeñado en que el billete caería del cielo. No se movía de su nuevo camino. Pasó el tiempo… y pasó…
A los cuatro días, estaba completamente deshidratado… Pero él no se movería de allí. Quería su billete, aunque eso le costase la vida.

Una mañana, el barrendero de aquella zona, encontró al pobre loco frío, blanco como la cera.
-Qué pena de vida malgastada…

            
                   


Y es que, lo que este pobre hombre no sabía era que no podía esperar a que cayese la solución a su problema del cielo. Las cosas no aparecen de la nada, hay que ir a buscarlas.
Claro que todos sabemos que este hombre no tenía ni la autodecisión, ni la fuerza, ni el coraje, ni las ganas de levantarse, abandonar su camino y empezar otro nuevo… (Recordemos que éste era un hombre muy pobre, muy pobre… pobre de bolsillo, pobre de corazón, y pobre de espíritu).

No quiero ver esta realidad que me haces ver.

-Es como una de esas películas románticas con final triste, en la que él y ella están en la azotea de un rascacielos, en un frío atardecer de otoño. Ella está triste, pero habla con determinación. Él no sabe lo que hacer, ni decir. Se despiden para siempre... Y luego ella se aleja, mientras él la observa marchar, inmóvil desde lo alto de aquella terraza en aquel frío día de otoño.
-Yo creo que simplemente es "quiero que me vuelvas a querer", "no quiero aceptar esta realidad que me haces ver", pero en el fondo, y tú lo sabes, no estás tan enamorada como piensas.
-Es: "quiero que todo vuelva a ser como antes, que me quieras (o al menos que yo piense que me quieras) , que salgas conmigo, que me llames cada día, que tenga a alguien a quien contarle incondicionalmente todo lo que me ocurra, que tenga alguien que me escuche a todas horas, alguien para mi, a quien abrazar y sobre quien llorar... un motivo para seguir luchando... alguien que me haga sentir guapa, que me haga sentir que gusto a alguien"... ¿Lo entiendes?
-Perfectamente.
-Pero, por otra parte, analizo nuestra relación y cada día me doy cuenta de un nuevo detalle que me indica que no me ha querido realmente. Y aún así, tengo recuerdos "irreales", modificados por mi enamoramiento, que hacen de nuestra relación una época maravillosa... cuando no lo fue. Es irónico.
-Eso es sencillamente porque tú pensabas que él sentía hacia ti lo mismo que tú hacia él. Y nunca fue así.
Silencio.
- ¿Y con este otro chico tan majo qué tal? Hace tiempo que no te oigo hablar de él.
- Nada. Si no hablo de él, mala señal.
- Me lo olía...
- Se acabó lo que había entre nosotros. Pero de todas formas no me dolió... aunque me ilusioné bastante. Fue como si toda la autoestima que había hundido el otro, saliese a flote... por un momento.  (...) ¿Sabes? Será el Karma o casualidades de la vida, pero siempre quise llamar a mi hija como ella, Carmen. 
- Pero no le pones ese nombre por ella. 
- No. Yo la quiero llamar Carmen por mi hermana. Está haciendo mucho, muchísimo por mi.
- Yo llegué hace tiempo a la conclusión de que tu hermana parece fría e insensible, pero es todo lo contrario. Aunque le cuesta expresarlo. Y tiene una cualidad muy parecida a la tuya: sabe decir con pocas palabras gran cantidad de cosas, y en el momento adecuado.

- Sí, es la única que consigue sacarme de mi cama y meterme la cuchara en la boca.

Macho Alfa.

 

 



Yo tan transparente y tú tan opaco.

Vivo en la incertidumbre, con las ansias de saber cual será tu próximo movimiento. Avanzas con rapidez pero con elegancia. Estudias cada jugada, cada movimiento, cada posibilidad de escape que pudiera tener. Derribas uno a uno mis peones sin emplear el mínimo esfuerzo, sin ni siquiera darme la oportunidad de evitarlo. Conoces mis movimientos a la perfección, es como si controlaras mi juego. Te aprovechas de mi escasa experiencia, mi inseguridad y mi nula capacidad de concentración.
Preparo mi contraataque con torpeza, ya no se que ficha mover ni cómo hacerlo. Has tomado las riendas del juego y yo solo me limito a ver caer una a una mis piezas en el tablero. Ni caballos, torres o alfiles pueden ahora protegerme. Los poderosos, desnudos ante el enemigo sin más protección que la que ellos mismos podían ofrecerse, la posibilidad de evitar la derrota era ahora prácticamente imposible…
Entonces, ocurrió. Uno de tus peones derribó a mi reina con la misma facilidad con la que un cuchillo corta la mantequilla. Una sola casilla y el simple peón se convirtió en reina.
Me dispuse hacer mi último movimiento entre rabia y nerviosismo, quería que terminara, ya daba igual perder o ganar. Estaba deseando escuchar esas dos palabras que me liberarían de esta angustia.
-Jaque mate…
La sonrisa de superioridad no desaparecía de tu cara, con ella parecías decirme que eras mejor que yo, que nunca podría vencerte. Te la hubiera borrado de un puñetazo.
Mi rabia aumentaba por momentos, finalmente, golpee la mesa con los puños cerrados dejando que la rabia saliera al exterior. Oía como todas las fichas caían al suelo mientras que me levantaba de la silla y salía por la puerta mientras tú seguías sentado mirando al frente con la misma sonrisa que envenenaba mi sangre…




Mi mayor secreto.

Compartí con Pablo veinte meses, doscientas noches, veinte mil besos, dos mil recuerdos, veintidós deseos y doscientas mil sonrisas. Es difícil olvidar doscientas veintidós mil doscientas cuarenta y dos cosas compartidas. Y aún así, él parece haberlas borrado de su mente en menos de veintidós horas.
Claro que… veinte meses dan para muchas peleas, muchos celos, muchos malos momentos y muchas heridas.


El verano pasado compartí un partido, una victoria, una celebración, un baño, una noche, una sábana, un solo beso… Un beso prohibido y con sabor a culpa, pero uno de esos besos que no se olvidan. A veces, ese beso cobra en mi mente más fuerza que los veinte mil besos de Pablo.
He pasado un año entero buscando una explicación a aquel beso. ¿Por qué lo hiciste, Dani? Decidí echar la culpabilidad fuera de mi mente y guardar el secreto (aunque deseaba contarlo a voces).

Recuerdo que, el día anterior a ese beso, medité sobre una pregunta que Pablo me hizo hace tiempo:
-¿Tú crees que se puede querer a dos personas a la vez?
Sorprendida, y un poco ofendida por su pregunta, le contesté:
-Sí que puedes. Yo quiero a mis padres, a mis amigos, a mis hermanos… y a ti.
-No. Ya sabes a lo que me refiero, Dani.
De muy mala gana, y preguntándome a qué demonios venía esa pregunta, le dije:
-Se puede, pero siempre querrás a una más que a otra.

En ese momento, mi respuesta me pareció de lo más lógico: yo quería a Pablo y sólo a Pablo. Pero allí, ese verano en aquel lugar, no podía estar más en desacuerdo con mi respuesta. ¿Qué me pasaba? ¿Qué estaba sintiendo? Pensaba en Pablo, en que estaría en su casa confiando en mi… pero su pelo, sus hombros, sus susurros, su acento, su olor, su sensibilidad, su sonrisa… todo él me sacaba de mis pensamientos y hacía que me olvidase de todos y de todo: sólo existían ese lugar, ese momento, él y yo.
-Jaco, ¿tú crees que se puede querer a dos personas a la vez?
Jaco guardó silencio unos segundos y muy suavemente, casi susurrando, dijo:
-Claro que sí, eso es algo muy normal. A mi me ha pasado.
-Pero es que… yo siempre he creído que solo se podía querer a una persona – estaba echa un lío, embotada de sentimientos y con la cabeza gacha.
Jaco me miró dulcemente y acarició mi mejilla. Yo levanté la cabeza. Me perdí en sus ojos y en su sonrisa… en su eterna sonrisa.
-No te preocupes.


Mis compañeras dormían y su compañero también. Sin hablar ni decidir nada, nos metimos en la misma cama. Nunca olvidaré el tacto de sus pies, su mano acariciando mi cara, mis dedos jugando con los suyos…
-Toca mi corazón- le susurré.- ¿Sientes cómo late?
Puso las manos sobre mi pecho y asintió.
-Mira- puso mi mano sobre su pecho, - el mío está igual.
Silencio. Un silencio cálido. Miro sus labios: está sonriendo, como siempre. Los acaricio suavemente: me gustaría tanto besarlos…
Jaco me da un beso en la frente y me aprieta fuerte las manos. Yo poso mis labios sobre sus mejillas, con cuidado, sintiendo su piel y archivando ese tacto en mi memoria.
Una sucesión de besos en las mejillas protagonizan los minutos siguientes. Son besos lentos, suaves y cálidos.
De pronto, me acuerdo de Pablo. Tengo ganas de llorar. ¿Qué estoy haciendo? Parece que Jaco lo nota:
-No te preocupes. Eres una buena persona, y yo sé que le quieres mucho. Esto no se puede considerar engañar.
Nos abrazamos.
-¿Qué estoy haciendo?
-Nada malo. Son solo besos amistosos, ¿no?- sonríe picaronamente.
Me gusta su acento y cómo suena su voz a través de susurros en la oscuridad. Le beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Quiero besarle, me muero por besarle.
-No quiero que hagas nada que no quieras, Dani. No quiero sentirme culpable si tú te sientes culpable.
-¿No quieres besarme? – por un momento palidezco.
-Sí, pero quiero que lo decidas tú.
Silencio. Humedezco mis labios.
-Quiero hacerlo – a penas me sale la voz.
Acercamos nuestras caras y dejamos que nuestras narices jugueteen dulcemente. Nuestros labios se acercan. Le beso. Me besa. Nos besamos.

¡Qué sensación! ¡Qué momento! Me sentía cómoda, segura, tranquila y más feliz que nunca. ¿Desde cuándo no estaba tan segura de mi misma? ¿Desde cuando no me sentía tan querida y deseada? Pablo nunca me trataba con la dulzura que lo hacía Jaco y nunca me hacía sentir así de bien. Por un momento pensé en cortar con Pablo para intentarlo con Jaco. Luego, la razón volvió a mí: ¿de verdad vas a estropear una relación de más de un año por un flechazo con alguien que vive a miles de kilómetros de ti?
Agaché la cabeza. Me sentía culpable. Mi conciencia no paraba de gritar “¡¿pero qué has hecho, Daniela?!”

Jaco me tranquilizó como sólo él sabe.
-Será nuestro pequeño secreto- susurró.



Un año entero deseando volver a repetir ese partido, esa victoria, esa celebración, ese baño, esa noche, ese beso…
Un año entero guardando un secreto.


Fue mi mejor verano. Y no, no fue gracias a Pablo… 

Escrito en verano de 2011, recordando el verano anterior.


21 cosas sobre mi

-Tengo un diario de emociones.

-Tengo una lista de cosas que algún día quiero hacer.

-Me gustaría teñirme el pelo en un moreno-rojizo.

-Me encantan las rosas blancas.

-Adoro la música en directo.

-Mi primer atracón fue de cereales de fibra. No sabía siquiera que me estaba dando un atracón.

-No me gustan los animales.

-Tengo un olfato prodigioso: reconozco a las personas por su olor.

-En mi bolso siempre llevo un espejo, un peine, una barra de labios y un bote de perfume.

-Una de las cosas que me enamora de un hombre es su olor. No podría salir con alguien que oliese mal.

-Me atraen los hombres con barba, pero bien afeitados.

-Mis padres se separaron cuando yo tenía 9 años.

-La primera vez que me vino la regla yo tenía tan solo 11 años.

-De pequeña me inventaba muchas cosas. He llegado a pensar que era mentirosa compulsiva.

-Me encantan los niños pequeños.

-Mi libro preferido es Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.

-No me interesa la política.

-Paso demasiado tiempo en las redes sociales.

-Me gustaría escribir un libro sobre mis años de enfermedad.

-Tengo muy claro el tipo de persona que busco para casarme y tener hijos.

-Si alguna vez tengo una hija se llamaría Carmen, como mi hermana.



No sé si esto es una despedida.

Mi intuición me dice que debería cerrar todas estas cuentas alternas. Mi twitter, mi blog, mi tumblr... TODO. ¡A liberarse de todo! 
Me da algo de miedo que aquellos que no conozco, cuyos nombres siquiera sé y caras no puedo ver, tengan acceso a tanta información sobre mi... 
Es que, me paro a pensarlo y, joder, cualquiera que se lo curre un poquito podría hacerme mucho daño. En este blog he volcado mis más íntimos y secretos sentimientos. Sentimientos que a veces no confesaría ni a mi terapeuta. 
¿Que por qué lo he hecho? Supongo que porque me sentía sola y necesitaba expresarme y, como bien dicen, es más fácil abrirse ante un desconocido que ante aquellos que nos conocen y nos pueden juzgar. Pues bien, yo me he abierto ante miles de desconocidos que poco a poco se han vuelto compañeros de viaje y algunos de ellos, consejeros e incluso esos amigos que físicamente no tengo.
Pero desgraciadamente internet es para todos y al final mis palabras llegan a manos de quien menos desearía. 
Por ello, aunque me duela, no sé si debería seguir con esto...

Pero antes de irme, querría publicar todos aquellos escritos que algún día redacté y están ahí, medio olvidados, esperando a ser leídos por alguien a quien les interese al menos un poco.


Me rindo.

No tengo ya más fuerzas para nada. Creo que voy a tirar la toalla. Son muchos años luchando sin ver resultados. Muchos años levantándome para volver a caer en la misma piedra... y la gente es cruel. En lugar de prestarte una mano para ayudarte a levantarte, se ríe de tu caida.
No puedo más.
Pisotearme si queréis, no mostraré resistencia. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Agárrate a tu tabla.

Tu vida es como un gran barco.
Estoy segura de que habrás oído hablar de Titanic. Oh, Titanic. Esa maravillosa historia de amor trágico donde chico conoce chica, se enamoran y él entrega heroicamente su vida por ella.

No. Tu vida no es como la vida de esos dos adolescentes. Tu vida no es la historia que ocurre en un barco de una de las películas de James Cameron. Cuando hablo de tu vida como un gran barco, me estoy refiriendo al barco en sí, enorme o pequeño, fuerte o quebradizo, lujoso o humilde, nuevo o antiguo... Un barco que tú vas construyendo poco a poco, que tú eliges cómo quieres que sea y que tú misma diriges por mares en calma a veces, y mares más revueltos y peligrosos en otras ocasiones.

A veces, como en Titanic, el barco choca. Y todo lo esplendoroso, fuerte y grandioso que era no sirve de nada. Porque todo él se hunde. Sólo quedas tú y unas cuantas tablas en la superficie. Con desesperación, y tratando de hacer frente a las olas, te diriges a las tablas. Las agarras con fuerzas. No puede escapar ni una. Todas son bienvenidas, pues no sabes cuánto tiempo vas a permanecer en mitad del océano ni cuánto tiempo van a aguantar tus piernas. Y por mucho que te cueste, por mucho que quieras tirar la toalla, ¡¡tienes que aguantar agarrada a esas benditas tablas!! Porque son lo que te sacarán de ese hundimiento.



Cuando nuestra vida choca con algún problema, muchas veces, nos dejamos hundir hasta el fondo. Pero siempre, SIEMPRE, quedan algunas tablas en la superficie: amigos, familia, sueños por los que merece la pena vivir... Agárrate a ellos, saca tu fuerza de ahí y no te hundas.
Y si eres de esos escépticos a los que les cuesta ver aquellas tablas que están ahí para prestarles un poco de descanso a sus piernas, recuerda: la última tabla, la tabla más resistente, eres tú.


sábado, 20 de julio de 2013

Aterrada.

Estoy asustadísima. Aterrada. Cagada.
Me da pánico lo que pueda pasar en un futuro. Me da pánico que todo se venga abajo y eso me haga recaer otra vez. Me da pánico estar equivocándome y no poder dar marcha atrás a mis errores. Me da pánico perder amigos por la decisión que estoy tomando.
Se supone que hoy Antonio y yo empezábamos algo juntos, de nuevo. Se supone que debería estar pegando saltos de felicidad... pero estoy aquí en la cama, asustada como un perro cuando lo abandonan a la intemperie.
Estoy abandonada a mi buena o mala suerte. No controlo nada ahora mismo, y eso me da mucho miedo. No me fío de mi misma, de lo que pueda hacer en un futuro.

Dios mio, que alguien me de la respuesta correcta, porque yo ya no puedo más. Mi corazón me dice una cosa y mi cabeza otra. Estoy loca.
No soy fuerte. No soy valiente. No soy madura. No soy autosuficiente. No soy una mierda en este mundo. Sólo pido que alguien me recoja, me abrace y me diga por una vez qué debo hacer. Por favor.


viernes, 19 de julio de 2013

Cartas de amor cuando ya no hay amor.

Hace unos tres meses, poco después de que Antonio cortase conmigo, le escribí una carta. Fue una especie de despedida. Necesitaba decirle adiós, dejarle claras algunas cosas, estar en paz conmigo misma... Pero él no quería hablar conmigo. Y era normal. Yo le había hecho mucho daño.
Creo que nunca os he contado mi historia completa con Antonio. Es bastante larga y al contarla correría el riesgo de suprimir detalles bastante importantes. Además, es nuestras historia, de Antonio y mía. Así que dejémoslo básicamente en que él llegó en un mal momento de mi vida, me hizo un regalo precioso y tras siete meses me acabó conquistando. Pero mi mente a veces estaba más pendiente de mi anterior pareja que de él. Eso le hizo convertirse en una persona desconfiada, controladora, con poca autoestima, celosa... Y yo soy una chica a la que le gusta que los hombres por la calle le miren o le piten con el coche. Una de esas chicas que ponen cara de pocos amigos cuando alguien le dice un piropo pero que al darse la vuelta, su muesca de desprecio se convierte en una sonrisita contenida. Soy una chica que ha visto demasiadas películas de amor.
Y esta chica que ha visto demasiado dramas amorosos conoció a un chico y empezó a hablar con él. Le empezó a gustar y todo se complicó entre Antonio y ella. Ya no sabía si seguía queriendo a Antonio o no, si quería empezar una relación con el nuevo chico o no... No sabía nada.

Así es como llegamos al punto de la historia de la que os quería hablar: a la carta.
Hoy, tres meses después y en un punto de la historia muy diferente, la he releído y me ha apetecido compartirla con vosotros. Aquí tenéis:

Sé que no quieres ni oír hablar de mí. Sé que no quieres verme ni en sueños. Sé que estás cansado de mis idas y venidas. Sé que esta carta te va a sonar a un poco de esto y aquello, a siempre lo mismo y que, probablemente no termines de leerla o ni la empieces siquiera. Pero aún así, y a pesar de todo, yo necesitaba escribir esto. Soy consciente de que probablemente no me responderás (y si lo haces no será para bien), pero al menos me habré desahogado. Me paso las noches en vela por miedo a quedarme dormida. Miedo a dormir y soñar. Miedo a pasar la misma angustia cada noche. Entonces recuerdo aquellos últimos días en los que eras tú quien no podías dormir. Recuerdo tus sueños extraños y me pregunto “¿estaré pagando por todo lo que le hice pasar?”. Ahora comprendo cómo te debiste sentir. Ahora comprendo que no fue fácil tu situación. Ahora comprendo que te habría venido bien un poco más de amor y menos cariño (el cariño para los amigos).
 Te echo de menos. Te echo de menos al escuchar una canción, te echo de menos los viernes por la noche, te echo de menos entre las sábanas, te echo de menos cada vez que me cruzo con un perro por la calle, te echo de menos al ducharme, te echo de menos cuando me arreglo, te echo de menos cada vez que saco la cartera, te echo de menos al acostarme, te echo de menos en mi teléfono… Te echo de menos a cada instante.
Nunca pensé que te perdería del todo.
 Se suponía que íbamos a casarnos, a tener hijos juntos y que te acabaría comprando un perro el día que nuestros hijos se fuesen de casa.
Se suponía que iríamos a una cabaña y que con una copa de vino y sábanas blancas, haríamos a Manuel.
Se suponía… Pero supongo que yo lo estropeé todo.
 Sólo puedo decir que lo siento mucho y que me gustaría que mi actitud hubiera sido diferente. Hice muchas cosas mal. No te presté la atención que merecías, no me esforcé lo suficiente, no te quise cuanto pude. En este caso, la confianza mató al gato.  Pobre gatito… y que perro más tonto, que se enamoró del animal más arisco de todos. 

miércoles, 17 de julio de 2013

You know what I mean.

Hoy confieso al mundo que no he parado un solo día de pensar en ti, que actué muy mal cuando tonteé con otro hombre teniéndote para mi, que muero de dolor cada vez que hablas de ella... 
Hoy confieso al mundo que mi cabeza es un torbellino de emociones y pensamientos. Cuántas cosas han pasado en cuatro meses... cuántos besos habrás dado... cuántos besos he dado... No es fácil de asimilar. 
Y todo el daño que nos hicimos, ¿dónde queda? Ahora no me apetece gritarte, prefiero besarte. Y besarte en público. Media hora, una hora, dos horas... que nos dé el amanecer. Besémonos hasta perturbar las calles de Sevilla. Quiero que nos señalen con el dedo, que los turistas japoneses nos tomen fotos y que alguna abuela susurre al pasar "que poca vergüenza, por favor...".


Te quiero. Y sé que no te lo puedo decir. Pero no te lo estoy diciendo, sólo lo escribo. Te quiero (ya lo he vuelto a escribir). Y a tu novia que le den. Yo sé que tú también querrías decírmelo





Vayamos a la playa, no me importa exponer mi cuerpo. Vayamos a hacer escalada. Vayamos a esquiar. Vayamos a hacer turismo por las calles de Pekín y las sabanas del África tropical. 

Hagamos mil cosas juntos y dejemos de pensar en el futuro. ¿Casarnos? ya se verá. ¿Tener hijos? Brother, please, el sexo siempre con precaución. 



Ambos hemos madurado. Somos una versión mejorada de nosotros mismos y, si antes eras un novio genial, ¿cómo serás ahora? No quiero desaprovechar la oportunidad de averiguarlo. 

En cuanto a mi... bueno, sé que no soy la mejor novia del mundo. Sé que tus padres me odian, que te hice mucho daño, que no te traté para nada como merecías, que no salía casi nada... Pero prometo que cambiará. No quiero seguir mi vida enferma. Quiero salir. Quiero dejar de ser Daniela (you know what I mean).



Moreno, creo que quedan bastante claras mis intenciones... sólo dime "pequeña, ven p'acá" y seré tuya ;)






martes, 9 de julio de 2013

Se busca.

Hace cosa de un mes recibí por Ask el testimonio anónimo de una chica. Me dejó boquiabierta, me emocionó. Si bien no por ser uno de los más duros que he escuchado, sino por el enorme parecido que le encuentro a su historia con mi vida. 
Os dejo aquí lo que me contó, para que podáis disfrutarlo y, sobre todo, para que veáis que esta enfermedad SÍ tiene cura:


Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea. 
¿Cómo empecé? Pues por culpa del acoso escolar de mis primeros años en el instituto. Sacaba muy buenas notas y solo destacaba por eso mismo, era motivo de burlas y de mi soledad entre clase y clase. Me acomplejé muchísimo. Como consecuencia decidí controlarme más comiendo. Los bocatas que me preparaban mis padres para los recreos los tiraba a la papelera, nos lo comía. Al llegar a casa les mentía a mis padres, les decía que me lo comía... Antes de cada comida me bebía dos vasos de agua, si me dejaban sola comiendo tiraba la comida del plato... Llegué hasta en ocasiones a meterme los dedos para vomitar... grabado a fuego tengo la primera vez que lo hice... Me sentía fatal por llegar a comer. No salía de casa, salvo para las 6 horas de instituto. La media hora de recreo para mi era lo peor, estaba siempre sola. Llegué a pensar que todo el mundo que me miraba estaba hablando mal de mi.

El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma. 
Me di cuenta que yo mandaba en mi vida, y que si no me quiero yo, que soy la primera que me tengo que querer... ¿Quién lo va hacer? El primer paso lo doy yo, nadie puede conmigo, yo puedo con todo y me siento fuerte para luchar contra la vida. Abandoné la mala costumbre de vomitar y empecé a hacer mis cinco comidas al día. Me apoyé en mi familia, los que verdaderamente van a estar ahí en lo bueno y en lo malo. Hoy, a mis 18 casi 19 años puedo decir que he luchado y he salido de un pozo sin fondo.


Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.

Yo, después de aquella conmovedora historia, intenté contactar con ella de un modo más directo. Le pedí su Twitter, su email, su Tuenti... algo. Quería saber más de ella: cómo se llamaba, de dónde era, cómo había sido su lucha contra la enfermedad, qué era de su vida ahora... Sin embargo, ella me contestó que "no podía decirme quién era". "Déjame ayudarte y descubrirás quién soy".

¿Quién es esa chica misteriosa? ¿Vive cerca mía? ¿Me conoce, acaso? ¿Es amiga mia? Pienso en varias personas, personas de esa edad que conozco y que han tenido problemas. Pienso en su historia pero ninguna me cuadra con lo que esta chica misteriosa me ha contado. Aunque todas sabemos que nada es lo que parece, que la que más sonríe no siempre está feliz, que la más delgada no siempre está a gusto con su cuerpo, que la que más habla con todo el mundo no es la que más amigos tiene... 

Entonces, me pregunto: ¿Quién eres, chica misteriosa? ¿Cuándo volverás a hablarme? Y, lo más importante... ¿Leerás esta especie de llamada de atención hacia tu persona?




lunes, 1 de julio de 2013

1 de Julio.





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no puede ser igual a: