Estos
días, lo único que me saca algún sentimiento es ver que estoy adelgazando.
No
es felicidad, porque ¿quién puede ser feliz en este estado de depresión y
soledad? Pero es algo muy parecido. Orgullo, quizás. Esperanza. Esperanza de
cambio, yo qué sé.
Pero
cada vez que me pongo las manos sobre la cintura y veo que está encogiendo, no
es que sonría físicamente, pero sí por dentro. Toco las costillas y algo en mí
entra en paz conmigo misma. Esos pequeños huesecillos que al principio sólo se
me notaban tumbada y ahora empiezan a asomar, tímidamente, incluso en posición
vertical, hacen que todo esto tenga algo de sentido... Por ridículo que sea.
Escrito el 4/8/13

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