Música

“Que la comida sea tu alimento y el alimento tu mejor medicina” Hipócrates

martes, 6 de agosto de 2013

No quiero ver esta realidad que me haces ver.

-Es como una de esas películas románticas con final triste, en la que él y ella están en la azotea de un rascacielos, en un frío atardecer de otoño. Ella está triste, pero habla con determinación. Él no sabe lo que hacer, ni decir. Se despiden para siempre... Y luego ella se aleja, mientras él la observa marchar, inmóvil desde lo alto de aquella terraza en aquel frío día de otoño.
-Yo creo que simplemente es "quiero que me vuelvas a querer", "no quiero aceptar esta realidad que me haces ver", pero en el fondo, y tú lo sabes, no estás tan enamorada como piensas.
-Es: "quiero que todo vuelva a ser como antes, que me quieras (o al menos que yo piense que me quieras) , que salgas conmigo, que me llames cada día, que tenga a alguien a quien contarle incondicionalmente todo lo que me ocurra, que tenga alguien que me escuche a todas horas, alguien para mi, a quien abrazar y sobre quien llorar... un motivo para seguir luchando... alguien que me haga sentir guapa, que me haga sentir que gusto a alguien"... ¿Lo entiendes?
-Perfectamente.
-Pero, por otra parte, analizo nuestra relación y cada día me doy cuenta de un nuevo detalle que me indica que no me ha querido realmente. Y aún así, tengo recuerdos "irreales", modificados por mi enamoramiento, que hacen de nuestra relación una época maravillosa... cuando no lo fue. Es irónico.
-Eso es sencillamente porque tú pensabas que él sentía hacia ti lo mismo que tú hacia él. Y nunca fue así.
Silencio.
- ¿Y con este otro chico tan majo qué tal? Hace tiempo que no te oigo hablar de él.
- Nada. Si no hablo de él, mala señal.
- Me lo olía...
- Se acabó lo que había entre nosotros. Pero de todas formas no me dolió... aunque me ilusioné bastante. Fue como si toda la autoestima que había hundido el otro, saliese a flote... por un momento.  (...) ¿Sabes? Será el Karma o casualidades de la vida, pero siempre quise llamar a mi hija como ella, Carmen. 
- Pero no le pones ese nombre por ella. 
- No. Yo la quiero llamar Carmen por mi hermana. Está haciendo mucho, muchísimo por mi.
- Yo llegué hace tiempo a la conclusión de que tu hermana parece fría e insensible, pero es todo lo contrario. Aunque le cuesta expresarlo. Y tiene una cualidad muy parecida a la tuya: sabe decir con pocas palabras gran cantidad de cosas, y en el momento adecuado.

- Sí, es la única que consigue sacarme de mi cama y meterme la cuchara en la boca.

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