Vivo en la incertidumbre, con las ansias de saber cual
será tu próximo movimiento. Avanzas con rapidez pero con elegancia. Estudias
cada jugada, cada movimiento, cada posibilidad de escape que pudiera tener.
Derribas uno a uno mis peones sin emplear el mínimo esfuerzo, sin ni siquiera
darme la oportunidad de evitarlo. Conoces mis movimientos a la perfección, es
como si controlaras mi juego. Te aprovechas de mi escasa experiencia, mi
inseguridad y mi nula capacidad de concentración.
Preparo mi contraataque con torpeza, ya no se que ficha mover ni cómo hacerlo.
Has tomado las riendas del juego y yo solo me limito a ver caer una a una mis
piezas en el tablero. Ni caballos, torres o alfiles pueden ahora protegerme.
Los poderosos, desnudos ante el enemigo sin más protección que la que ellos
mismos podían ofrecerse, la posibilidad de evitar la derrota era ahora
prácticamente imposible…
Entonces, ocurrió. Uno de tus peones derribó a mi reina con la misma facilidad
con la que un cuchillo corta la mantequilla. Una sola casilla y el simple peón
se convirtió en reina.
Me dispuse hacer mi último movimiento entre rabia y nerviosismo, quería que
terminara, ya daba igual perder o ganar. Estaba deseando escuchar esas dos
palabras que me liberarían de esta angustia.
-Jaque mate…
La sonrisa de superioridad no desaparecía de tu cara, con ella parecías decirme
que eras mejor que yo, que nunca podría vencerte. Te la hubiera borrado de un
puñetazo.
Mi rabia aumentaba por momentos, finalmente, golpee la mesa con los puños
cerrados dejando que la rabia saliera al exterior. Oía como todas las fichas
caían al suelo mientras que me levantaba de la silla y salía por la puerta
mientras tú seguías sentado mirando al frente con la misma sonrisa que
envenenaba mi sangre…
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