Me he dado cuenta, en estos casi tres meses de hospitalización, de todo lo que tenía y no apreciaba: mi familia, mis amigos, mi casa... y Antonio. ¡Cuánta gente habría pagado por tener mi vida!
Quiero recuperarla, sin enfermedad, y haré lo que sea porque las pérdidas sean mínimas. Quiero volver a ser la persona que era: charlatana, viva, alegre, inteligente, trabajadora, cabezona, orgullosa, competitiva, constante, imaginativa, confiada... feliz. Una persona con sus virtudes y defectos pero, sobre todo, que destacaba por sus ganas de vivir. Quiero recuperarme a mi misma.
Merece la pena. ¿Quién quiere vivir toda su vida en un infierno frío cuando puede vivir bajo la calidez de los abrazos más sinceros? (Antonio, es una indirecta para ti).
Y es que, chicas, la enfermedad NO nos da nada: ni belleza, ni seguridad, ni novios, ni leches en vinagre. La enfermedad va acabando con lo que teníamos, poco a poco... sin que nos demos cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario