Todo empezó aquel día gris en que dejaste de decir orgullosa:
¡YO SOY! y entre avergonzada y temerosa, bajaste la cabeza y cambiaste tus
dichos y actitudes por un pensamiento: “yo debería ser…”
Estaba allí desde el primer momento, en la adrenalina que
circulaba por las venas de tus padres cuando hacían el amor para concebirte, y
después en el fluido que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón cuando todavía
eras sólo un parásito.
Llegué a ti antes de que pudieras hablar, antes aún de que
pudieras entender algo de lo que los otros te hablaban.
Estaba ya cuando torpemente intentabas dar tus primeros
pasos ante la mirada burlona y divertida de todos. Cuando estabas desprotegida
y expuesta, cuando eras vulnerable y necesitada.
Aparecí en tu vida de
la mano de las supersticiones, los fetiches, las buenas formas, las costumbres
y la tradición... Me escondí detrás de tus maestros, tus padres, tus hermanos,
tus amigos y tus novios...
Antes de que supieras
que yo existía, dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad. Un mundo
de lo que está bien y otro de lo que no lo está. Yo te traje tus sentimientos
de vergüenza, te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso, de fea, de estúpida,
de desagradable, de gorda, de insoportable. Yo te colgué la etiqueta de
“diferente” cuando te dije por primera vez al oído que algo no andaba del todo
bien contigo.
Existo desde antes
que la conciencia, antes que la culpa, antes que la moralidad… desde los
principios del tiempo, desde que Adán se avergonzó de su cuerpo al notar que
estaba desnudo... y lo cubrió.
Soy el invitado no
querido, el visitante no deseado y, sin embargo, soy el primero en llegar y el
último en irme.
Me he vuelto poderoso con el tiempo escuchando los consejos
de tus padres sobre cómo triunfar en la vida, sufriendo las bromas crueles de
tus compañeros de colegio, cuando se reían de tu cuerpo o tus buenas notas. He
crecido soportando las humillaciones de tus superiores, contemplando tu
desgarbada imagen en el espejo y comparándola después con las de las famosas
que se muestran por televisión o en las revistas.
Y ahora, por fin,
poderoso como soy y por el simple hecho de ser mujer, de ser gorda, de ser
inteligente o de tener gustos musicales diferentes, puedo transformarte.
Generaciones y generaciones de hombres y mujeres me apoyan.
No puedes librarte de mí. La pena que causo es tan insostenible que para
soportarme, deberás pasarme a tus hijos, para que ellos me pasen a los suyos,
por los siglos de los siglos. Para ayudarte a ti y a tu descendencia, me
disfrazaré de perfeccionismo, de altos ideales, de autocrítica, de patriotismo, de moralidad, de buenas
costumbres, de autocontrol.
La pena que te causo
es tan intensa que querrás negarme y para eso intentarás esconderme
detrás de tus personajes, detrás de tu bulimia, detrás de la
comida, detrás de tu trastorno límite, detrás de tu obsesión por el estudio,
detrás de tu detrás de las drogas,detrás de tus psicosis o detrás de tu sexualidad
intensa e inestable.
Pero no importa lo
que hagas, no importa adónde vayas, yo estaré allí, siempre allí. Porque viajo
contigo día y noche sin descanso, sin límites. Yo soy la causa principal de la
dependencia,
de la posesividad, del esfuerzo, de la inmoralidad, del
miedo, de la violencia, del crimen, de la locura.
Yo te enseñé el miedo
a ser rechazada, y condicioné tu existencia a ese miedo. De mí dependes para
seguir siendo esa persona buscada, deseada, aplaudida, gentil y agradable que
hoy muestras a los otros. De mí dependes porque yo soy el baúl en el que
escondiste aquellas cosas más desagradables, más ridículas, menos deseables de
ti misma.
Gracias a mí, has
aprendido a conformarte con lo que la vida te da, porque después de todo,
cualquier cosa que vivas será siempre más de lo que crees que mereces.
…
¿Has adivinado,
verdad?
Soy el sentimiento de
rechazo que sientes hacia ti misma.

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