No sé por qué me importas si ni siquiera te quiero. No sé por qué te pienso si ni siquiera tú me recuerdas. No sé por qué necesito tu atención si ni siquiera me planteo la idea de tenerte como pareja. No sé por qué me enfadas si no somos nada. No sé por qué te dedico este espacio si no sabes ni de su existencia.
No sé... no sé ni a quién me estoy refiriendo. Si a uno, a otro o al anterior. Porque ahora no me gustan las tarrinas de dos sabores, ahora he descubierto los cucuruchos de tres bolas (que además, te llevas galleta como acompañante, con un toque crujiente).


...¿Cómo puede una niña estar triste con un cucurucho de tres bolas?
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