Se me cruzaron los cables y de pronto las vías me llamaban como tentándome.
Miré alrededor. No había nadie. Era la primera vez que estaba en aquella estación. Era una estación de cercanías de un pueblo al que nunca había ido. Se encontraba pegada a una carretera. Veía pasar los coches desde el andén. Estaba allí porque había ido a una consulta psicológica y había perdido el bus de vuelta a casa. Me indicaron que había una estación de tren y allí estaba, en aquella estación fantasmal y fría. No había ni personal de Renfe, solo una máquina autoventa de billetes. Según el horario de la ventanilla mi tren debería haber pasado a las 12.36. Eran las 12.45. Parecía que tampoco iba a venir ningún tren.
Las vías me seguían llamando. Hacía frío. Lloraba. Estaba sola. Dejé el bolso en el suelo y bajé a la vía. Me senté. Miré los coches. Pasaban tan rápido... tan a su bola... Todos tienen una vida, menos yo. Pasaba el tiempo y nadie venía. Nadie me llamaba. Me tumbé. Estaba duro, era incómodo. Hacía frío. No pasaba ni un puto tren. Quería desaparecer ya. Hacía demasiado frío y llevaba esperando demasiado tiempo. No tenía ni una maldita chincheta con la que arañarme un poco. Desahogarme.
Lloré. Chillé. "No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren. No viene un puto tren."
-Perdona, señorita, ¿estás bien?- cuatro hombres de policía me miraban asustados desde el apeadero.
-Sí, estoy esperando el tren.
Uno de ellos bajó y se puso a hablar conmigo.
-Por aqui no pasan muchos trenes. Solo uno temprano por la mañana y otro a las cinco de la tarde o así. ¿Qué te pasa? ¿Cuál es tu intención?
Son tontos, definitivamente. ¿Que cuál era mi intención? No contesté.
Uno de ellos iba a puntando todo en una libretita. Me sacaron de la vía. Me preguntaron mi nombre, me pidieron el DNI, mi numero de teléfono el nombre de mis padres, el numero de mi madre, mi dirección. Me preguntaron de dónde venía, a dónde iba, qué estudiaba, qué problema tenía... Intentaron contentarme diciéndome que yo era "una chavala de buen ver y encima inteligente", que "el físico no es lo mas importante", y esas cosas que una ya está harta de oír.
Me prometieron no llamar a mi madre si dejaba que me llevaran a mi casa.
Montándome en el coche (la primera vez en mi vida que me monto), llegó la ambulancia. El médico habló con uno de ellos y éste se volvió a mi.
-Protocolo-dijo.-Quieren hacerte unas preguntas, llevarte al hospital y evaluarte para ver si estás bien como para salir a la calle.
No me dio tiempo a contestar que ya estaban dos hombres agarrándome por los brazos y metiéndome en la ambulancia. Me sentaron y me amarraron. Mil preguntas allí dentro.
Dos horas en una sala de espera abarrotada para acabar en una consulta con una doctora (muy amable, eso si, la más amable que he visto en toda mi vida) diciéndome que estaba como para un ingreso urgente. Toda una mañana perdida para escuchar lo que yo ya sabía y acabar pidiendo el alta voluntaria. Firmar un papel en contra de las advertencias del médico e ir de vuelta a casa en ambulancia.Otro intento fallido de escapar de este infierno. Más cortes a la vuelta. Más dolor. Más tristeza... Estoy consumida.
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