-Tengo un diario de emociones.
-Tengo una lista de cosas que algún día quiero hacer.
-Me gustaría teñirme el pelo en un moreno-rojizo.
-Me encantan las rosas blancas.
-Adoro la música en directo.
-Mi primer atracón fue de cereales de fibra. No sabía siquiera que me estaba dando un atracón.
-No me gustan los animales.
-Tengo un olfato prodigioso: reconozco a las personas por su olor.
-En mi bolso siempre llevo un espejo, un peine, una barra de labios y un bote de perfume.
-Una de las cosas que me enamora de un hombre es su olor. No podría salir con alguien que oliese mal.
-Me atraen los hombres con barba, pero bien afeitados.
-Mis padres se separaron cuando yo tenía 9 años.
-La primera vez que me vino la regla yo tenía tan solo 11 años.
-De pequeña me inventaba muchas cosas. He llegado a pensar que era mentirosa compulsiva.
-Me encantan los niños pequeños.
-Mi libro preferido es Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.
-No me interesa la política.
-Paso demasiado tiempo en las redes sociales.
-Me gustaría escribir un libro sobre mis años de enfermedad.
-Tengo muy claro el tipo de persona que busco para casarme y tener hijos.
-Si alguna vez tengo una hija se llamaría Carmen, como mi hermana.
Música
“Que la comida sea tu alimento y el alimento tu mejor medicina” Hipócrates
martes, 6 de agosto de 2013
No sé si esto es una despedida.
Mi intuición me dice que debería cerrar todas estas cuentas alternas. Mi twitter, mi blog, mi tumblr... TODO. ¡A liberarse de todo!
Me da algo de miedo que aquellos que no conozco, cuyos nombres siquiera sé y caras no puedo ver, tengan acceso a tanta información sobre mi...
Es que, me paro a pensarlo y, joder, cualquiera que se lo curre un poquito podría hacerme mucho daño. En este blog he volcado mis más íntimos y secretos sentimientos. Sentimientos que a veces no confesaría ni a mi terapeuta.
¿Que por qué lo he hecho? Supongo que porque me sentía sola y necesitaba expresarme y, como bien dicen, es más fácil abrirse ante un desconocido que ante aquellos que nos conocen y nos pueden juzgar. Pues bien, yo me he abierto ante miles de desconocidos que poco a poco se han vuelto compañeros de viaje y algunos de ellos, consejeros e incluso esos amigos que físicamente no tengo.
Pero desgraciadamente internet es para todos y al final mis palabras llegan a manos de quien menos desearía.
Por ello, aunque me duela, no sé si debería seguir con esto...
Pero antes de irme, querría publicar todos aquellos escritos que algún día redacté y están ahí, medio olvidados, esperando a ser leídos por alguien a quien les interese al menos un poco.
Me da algo de miedo que aquellos que no conozco, cuyos nombres siquiera sé y caras no puedo ver, tengan acceso a tanta información sobre mi...
Es que, me paro a pensarlo y, joder, cualquiera que se lo curre un poquito podría hacerme mucho daño. En este blog he volcado mis más íntimos y secretos sentimientos. Sentimientos que a veces no confesaría ni a mi terapeuta.
¿Que por qué lo he hecho? Supongo que porque me sentía sola y necesitaba expresarme y, como bien dicen, es más fácil abrirse ante un desconocido que ante aquellos que nos conocen y nos pueden juzgar. Pues bien, yo me he abierto ante miles de desconocidos que poco a poco se han vuelto compañeros de viaje y algunos de ellos, consejeros e incluso esos amigos que físicamente no tengo.
Pero desgraciadamente internet es para todos y al final mis palabras llegan a manos de quien menos desearía.
Por ello, aunque me duela, no sé si debería seguir con esto...
Pero antes de irme, querría publicar todos aquellos escritos que algún día redacté y están ahí, medio olvidados, esperando a ser leídos por alguien a quien les interese al menos un poco.
Me rindo.
No tengo ya más fuerzas para nada. Creo que voy a tirar la toalla. Son muchos años luchando sin ver resultados. Muchos años levantándome para volver a caer en la misma piedra... y la gente es cruel. En lugar de prestarte una mano para ayudarte a levantarte, se ríe de tu caida.
No puedo más.
Pisotearme si queréis, no mostraré resistencia.
Pisotearme si queréis, no mostraré resistencia.
miércoles, 24 de julio de 2013
Agárrate a tu tabla.
Tu vida es como un gran barco.
Estoy segura de que habrás oído hablar de Titanic. Oh, Titanic. Esa maravillosa historia de amor trágico donde chico conoce chica, se enamoran y él entrega heroicamente su vida por ella.
No. Tu vida no es como la vida de esos dos adolescentes. Tu vida no es la historia que ocurre en un barco de una de las películas de James Cameron. Cuando hablo de tu vida como un gran barco, me estoy refiriendo al barco en sí, enorme o pequeño, fuerte o quebradizo, lujoso o humilde, nuevo o antiguo... Un barco que tú vas construyendo poco a poco, que tú eliges cómo quieres que sea y que tú misma diriges por mares en calma a veces, y mares más revueltos y peligrosos en otras ocasiones.
A veces, como en Titanic, el barco choca. Y todo lo esplendoroso, fuerte y grandioso que era no sirve de nada. Porque todo él se hunde. Sólo quedas tú y unas cuantas tablas en la superficie. Con desesperación, y tratando de hacer frente a las olas, te diriges a las tablas. Las agarras con fuerzas. No puede escapar ni una. Todas son bienvenidas, pues no sabes cuánto tiempo vas a permanecer en mitad del océano ni cuánto tiempo van a aguantar tus piernas. Y por mucho que te cueste, por mucho que quieras tirar la toalla, ¡¡tienes que aguantar agarrada a esas benditas tablas!! Porque son lo que te sacarán de ese hundimiento.
Cuando nuestra vida choca con algún problema, muchas veces, nos dejamos hundir hasta el fondo. Pero siempre, SIEMPRE, quedan algunas tablas en la superficie: amigos, familia, sueños por los que merece la pena vivir... Agárrate a ellos, saca tu fuerza de ahí y no te hundas.
Y si eres de esos escépticos a los que les cuesta ver aquellas tablas que están ahí para prestarles un poco de descanso a sus piernas, recuerda: la última tabla, la tabla más resistente, eres tú.
Estoy segura de que habrás oído hablar de Titanic. Oh, Titanic. Esa maravillosa historia de amor trágico donde chico conoce chica, se enamoran y él entrega heroicamente su vida por ella.
No. Tu vida no es como la vida de esos dos adolescentes. Tu vida no es la historia que ocurre en un barco de una de las películas de James Cameron. Cuando hablo de tu vida como un gran barco, me estoy refiriendo al barco en sí, enorme o pequeño, fuerte o quebradizo, lujoso o humilde, nuevo o antiguo... Un barco que tú vas construyendo poco a poco, que tú eliges cómo quieres que sea y que tú misma diriges por mares en calma a veces, y mares más revueltos y peligrosos en otras ocasiones.
A veces, como en Titanic, el barco choca. Y todo lo esplendoroso, fuerte y grandioso que era no sirve de nada. Porque todo él se hunde. Sólo quedas tú y unas cuantas tablas en la superficie. Con desesperación, y tratando de hacer frente a las olas, te diriges a las tablas. Las agarras con fuerzas. No puede escapar ni una. Todas son bienvenidas, pues no sabes cuánto tiempo vas a permanecer en mitad del océano ni cuánto tiempo van a aguantar tus piernas. Y por mucho que te cueste, por mucho que quieras tirar la toalla, ¡¡tienes que aguantar agarrada a esas benditas tablas!! Porque son lo que te sacarán de ese hundimiento.
Cuando nuestra vida choca con algún problema, muchas veces, nos dejamos hundir hasta el fondo. Pero siempre, SIEMPRE, quedan algunas tablas en la superficie: amigos, familia, sueños por los que merece la pena vivir... Agárrate a ellos, saca tu fuerza de ahí y no te hundas.
Y si eres de esos escépticos a los que les cuesta ver aquellas tablas que están ahí para prestarles un poco de descanso a sus piernas, recuerda: la última tabla, la tabla más resistente, eres tú.
sábado, 20 de julio de 2013
Aterrada.
Estoy asustadísima. Aterrada. Cagada.
Me da pánico lo que pueda pasar en un futuro. Me da pánico que todo se venga abajo y eso me haga recaer otra vez. Me da pánico estar equivocándome y no poder dar marcha atrás a mis errores. Me da pánico perder amigos por la decisión que estoy tomando.
Se supone que hoy Antonio y yo empezábamos algo juntos, de nuevo. Se supone que debería estar pegando saltos de felicidad... pero estoy aquí en la cama, asustada como un perro cuando lo abandonan a la intemperie.
Estoy abandonada a mi buena o mala suerte. No controlo nada ahora mismo, y eso me da mucho miedo. No me fío de mi misma, de lo que pueda hacer en un futuro.
Dios mio, que alguien me de la respuesta correcta, porque yo ya no puedo más. Mi corazón me dice una cosa y mi cabeza otra. Estoy loca.
No soy fuerte. No soy valiente. No soy madura. No soy autosuficiente. No soy una mierda en este mundo. Sólo pido que alguien me recoja, me abrace y me diga por una vez qué debo hacer. Por favor.
Me da pánico lo que pueda pasar en un futuro. Me da pánico que todo se venga abajo y eso me haga recaer otra vez. Me da pánico estar equivocándome y no poder dar marcha atrás a mis errores. Me da pánico perder amigos por la decisión que estoy tomando.
Se supone que hoy Antonio y yo empezábamos algo juntos, de nuevo. Se supone que debería estar pegando saltos de felicidad... pero estoy aquí en la cama, asustada como un perro cuando lo abandonan a la intemperie.
Estoy abandonada a mi buena o mala suerte. No controlo nada ahora mismo, y eso me da mucho miedo. No me fío de mi misma, de lo que pueda hacer en un futuro.
Dios mio, que alguien me de la respuesta correcta, porque yo ya no puedo más. Mi corazón me dice una cosa y mi cabeza otra. Estoy loca.
No soy fuerte. No soy valiente. No soy madura. No soy autosuficiente. No soy una mierda en este mundo. Sólo pido que alguien me recoja, me abrace y me diga por una vez qué debo hacer. Por favor.
viernes, 19 de julio de 2013
Cartas de amor cuando ya no hay amor.
Hace unos tres meses, poco después de que Antonio cortase conmigo, le escribí una carta. Fue una especie de despedida. Necesitaba decirle adiós, dejarle claras algunas cosas, estar en paz conmigo misma... Pero él no quería hablar conmigo. Y era normal. Yo le había hecho mucho daño.
Creo que nunca os he contado mi historia completa con Antonio. Es bastante larga y al contarla correría el riesgo de suprimir detalles bastante importantes. Además, es nuestras historia, de Antonio y mía. Así que dejémoslo básicamente en que él llegó en un mal momento de mi vida, me hizo un regalo precioso y tras siete meses me acabó conquistando. Pero mi mente a veces estaba más pendiente de mi anterior pareja que de él. Eso le hizo convertirse en una persona desconfiada, controladora, con poca autoestima, celosa... Y yo soy una chica a la que le gusta que los hombres por la calle le miren o le piten con el coche. Una de esas chicas que ponen cara de pocos amigos cuando alguien le dice un piropo pero que al darse la vuelta, su muesca de desprecio se convierte en una sonrisita contenida. Soy una chica que ha visto demasiadas películas de amor.
Y esta chica que ha visto demasiado dramas amorosos conoció a un chico y empezó a hablar con él. Le empezó a gustar y todo se complicó entre Antonio y ella. Ya no sabía si seguía queriendo a Antonio o no, si quería empezar una relación con el nuevo chico o no... No sabía nada.
Así es como llegamos al punto de la historia de la que os quería hablar: a la carta.
Hoy, tres meses después y en un punto de la historia muy diferente, la he releído y me ha apetecido compartirla con vosotros. Aquí tenéis:
Creo que nunca os he contado mi historia completa con Antonio. Es bastante larga y al contarla correría el riesgo de suprimir detalles bastante importantes. Además, es nuestras historia, de Antonio y mía. Así que dejémoslo básicamente en que él llegó en un mal momento de mi vida, me hizo un regalo precioso y tras siete meses me acabó conquistando. Pero mi mente a veces estaba más pendiente de mi anterior pareja que de él. Eso le hizo convertirse en una persona desconfiada, controladora, con poca autoestima, celosa... Y yo soy una chica a la que le gusta que los hombres por la calle le miren o le piten con el coche. Una de esas chicas que ponen cara de pocos amigos cuando alguien le dice un piropo pero que al darse la vuelta, su muesca de desprecio se convierte en una sonrisita contenida. Soy una chica que ha visto demasiadas películas de amor.
Y esta chica que ha visto demasiado dramas amorosos conoció a un chico y empezó a hablar con él. Le empezó a gustar y todo se complicó entre Antonio y ella. Ya no sabía si seguía queriendo a Antonio o no, si quería empezar una relación con el nuevo chico o no... No sabía nada.
Así es como llegamos al punto de la historia de la que os quería hablar: a la carta.
Hoy, tres meses después y en un punto de la historia muy diferente, la he releído y me ha apetecido compartirla con vosotros. Aquí tenéis:
Sé que no quieres ni oír hablar de mí. Sé que no quieres verme ni en sueños. Sé que estás cansado de mis idas y venidas. Sé que esta carta te va a sonar a un poco de esto y aquello, a siempre lo mismo y que, probablemente no termines de leerla o ni la empieces siquiera. Pero aún así, y a pesar de todo, yo necesitaba escribir esto. Soy consciente de que probablemente no me responderás (y si lo haces no será para bien), pero al menos me habré desahogado. Me paso las noches en vela por miedo a quedarme dormida. Miedo a dormir y soñar. Miedo a pasar la misma angustia cada noche. Entonces recuerdo aquellos últimos días en los que eras tú quien no podías dormir. Recuerdo tus sueños extraños y me pregunto “¿estaré pagando por todo lo que le hice pasar?”. Ahora comprendo cómo te debiste sentir. Ahora comprendo que no fue fácil tu situación. Ahora comprendo que te habría venido bien un poco más de amor y menos cariño (el cariño para los amigos).
Te echo de menos. Te echo de menos al escuchar una canción, te echo de menos los viernes por la noche, te echo de menos entre las sábanas, te echo de menos cada vez que me cruzo con un perro por la calle, te echo de menos al ducharme, te echo de menos cuando me arreglo, te echo de menos cada vez que saco la cartera, te echo de menos al acostarme, te echo de menos en mi teléfono… Te echo de menos a cada instante.
Nunca pensé que te perdería del todo.
Se suponía que íbamos a casarnos, a tener hijos juntos y que te acabaría comprando un perro el día que nuestros hijos se fuesen de casa.
Se suponía que iríamos a una cabaña y que con una copa de vino y sábanas blancas, haríamos a Manuel.
Se suponía… Pero supongo que yo lo estropeé todo.
Sólo puedo decir que lo siento mucho y que me gustaría que mi actitud hubiera sido diferente. Hice muchas cosas mal. No te presté la atención que merecías, no me esforcé lo suficiente, no te quise cuanto pude. En este caso, la confianza mató al gato. Pobre gatito… y que perro más tonto, que se enamoró del animal más arisco de todos.
miércoles, 17 de julio de 2013
You know what I mean.
Hoy confieso al mundo que no he parado un solo día de pensar en ti, que actué muy mal cuando tonteé con otro hombre teniéndote para mi, que muero de dolor cada vez que hablas de ella...
Hoy confieso al mundo que mi cabeza es un torbellino de emociones y pensamientos. Cuántas cosas han pasado en cuatro meses... cuántos besos habrás dado... cuántos besos he dado... No es fácil de asimilar.
Y todo el daño que nos hicimos, ¿dónde queda? Ahora no me apetece gritarte, prefiero besarte. Y besarte en público. Media hora, una hora, dos horas... que nos dé el amanecer. Besémonos hasta perturbar las calles de Sevilla. Quiero que nos señalen con el dedo, que los turistas japoneses nos tomen fotos y que alguna abuela susurre al pasar "que poca vergüenza, por favor...".
Te quiero. Y sé que no te lo puedo decir. Pero no te lo estoy diciendo, sólo lo escribo. Te quiero (ya lo he vuelto a escribir). Y a tu novia que le den. Yo sé que tú también querrías decírmelo.
Vayamos a la playa, no me importa exponer mi cuerpo. Vayamos a hacer escalada. Vayamos a esquiar. Vayamos a hacer turismo por las calles de Pekín y las sabanas del África tropical.
Hagamos mil cosas juntos y dejemos de pensar en el futuro. ¿Casarnos? ya se verá. ¿Tener hijos? Brother, please, el sexo siempre con precaución.
Ambos hemos madurado. Somos una versión mejorada de nosotros mismos y, si antes eras un novio genial, ¿cómo serás ahora? No quiero desaprovechar la oportunidad de averiguarlo.
En cuanto a mi... bueno, sé que no soy la mejor novia del mundo. Sé que tus padres me odian, que te hice mucho daño, que no te traté para nada como merecías, que no salía casi nada... Pero prometo que cambiará. No quiero seguir mi vida enferma. Quiero salir. Quiero dejar de ser Daniela (you know what I mean).
Moreno, creo que quedan bastante claras mis intenciones... sólo dime "pequeña, ven p'acá" y seré tuya ;)
Hoy confieso al mundo que mi cabeza es un torbellino de emociones y pensamientos. Cuántas cosas han pasado en cuatro meses... cuántos besos habrás dado... cuántos besos he dado... No es fácil de asimilar.
Y todo el daño que nos hicimos, ¿dónde queda? Ahora no me apetece gritarte, prefiero besarte. Y besarte en público. Media hora, una hora, dos horas... que nos dé el amanecer. Besémonos hasta perturbar las calles de Sevilla. Quiero que nos señalen con el dedo, que los turistas japoneses nos tomen fotos y que alguna abuela susurre al pasar "que poca vergüenza, por favor...".Te quiero. Y sé que no te lo puedo decir. Pero no te lo estoy diciendo, sólo lo escribo. Te quiero (ya lo he vuelto a escribir). Y a tu novia que le den. Yo sé que tú también querrías decírmelo.
Vayamos a la playa, no me importa exponer mi cuerpo. Vayamos a hacer escalada. Vayamos a esquiar. Vayamos a hacer turismo por las calles de Pekín y las sabanas del África tropical.
Hagamos mil cosas juntos y dejemos de pensar en el futuro. ¿Casarnos? ya se verá. ¿Tener hijos? Brother, please, el sexo siempre con precaución.
Ambos hemos madurado. Somos una versión mejorada de nosotros mismos y, si antes eras un novio genial, ¿cómo serás ahora? No quiero desaprovechar la oportunidad de averiguarlo.
En cuanto a mi... bueno, sé que no soy la mejor novia del mundo. Sé que tus padres me odian, que te hice mucho daño, que no te traté para nada como merecías, que no salía casi nada... Pero prometo que cambiará. No quiero seguir mi vida enferma. Quiero salir. Quiero dejar de ser Daniela (you know what I mean).
Moreno, creo que quedan bastante claras mis intenciones... sólo dime "pequeña, ven p'acá" y seré tuya ;)
martes, 9 de julio de 2013
Se busca.
Hace cosa de un mes recibí por Ask el testimonio anónimo de una chica. Me dejó boquiabierta, me emocionó. Si bien no por ser uno de los más duros que he escuchado, sino por el enorme parecido que le encuentro a su historia con mi vida.
Os dejo aquí lo que me contó, para que podáis disfrutarlo y, sobre todo, para que veáis que esta enfermedad SÍ tiene cura:
Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea.
Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea.
¿Cómo empecé? Pues por culpa del acoso escolar de mis primeros años en el instituto. Sacaba muy buenas notas y solo destacaba por eso mismo, era motivo de burlas y de mi soledad entre clase y clase. Me acomplejé muchísimo. Como consecuencia decidí controlarme más comiendo. Los bocatas que me preparaban mis padres para los recreos los tiraba a la papelera, nos lo comía. Al llegar a casa les mentía a mis padres, les decía que me lo comía... Antes de cada comida me bebía dos vasos de agua, si me dejaban sola comiendo tiraba la comida del plato... Llegué hasta en ocasiones a meterme los dedos para vomitar... grabado a fuego tengo la primera vez que lo hice... Me sentía fatal por llegar a comer. No salía de casa, salvo para las 6 horas de instituto. La media hora de recreo para mi era lo peor, estaba siempre sola. Llegué a pensar que todo el mundo que me miraba estaba hablando mal de mi.
El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma.
El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma.
Me di cuenta que yo mandaba en mi vida, y que si no me quiero yo, que soy la primera que me tengo que querer... ¿Quién lo va hacer? El primer paso lo doy yo, nadie puede conmigo, yo puedo con todo y me siento fuerte para luchar contra la vida. Abandoné la mala costumbre de vomitar y empecé a hacer mis cinco comidas al día. Me apoyé en mi familia, los que verdaderamente van a estar ahí en lo bueno y en lo malo. Hoy, a mis 18 casi 19 años puedo decir que he luchado y he salido de un pozo sin fondo.
Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.
Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.
Yo, después de aquella conmovedora historia, intenté contactar con ella de un modo más directo. Le pedí su Twitter, su email, su Tuenti... algo. Quería saber más de ella: cómo se llamaba, de dónde era, cómo había sido su lucha contra la enfermedad, qué era de su vida ahora... Sin embargo, ella me contestó que "no podía decirme quién era". "Déjame ayudarte y descubrirás quién soy".
¿Quién es esa chica misteriosa? ¿Vive cerca mía? ¿Me conoce, acaso? ¿Es amiga mia? Pienso en varias personas, personas de esa edad que conozco y que han tenido problemas. Pienso en su historia pero ninguna me cuadra con lo que esta chica misteriosa me ha contado. Aunque todas sabemos que nada es lo que parece, que la que más sonríe no siempre está feliz, que la más delgada no siempre está a gusto con su cuerpo, que la que más habla con todo el mundo no es la que más amigos tiene...
Entonces, me pregunto: ¿Quién eres, chica misteriosa? ¿Cuándo volverás a hablarme? Y, lo más importante... ¿Leerás esta especie de llamada de atención hacia tu persona?
lunes, 1 de julio de 2013
domingo, 30 de junio de 2013
Sólo estoy hablando de puertas.
Hay veces que una puerta se cierra. Se cierra por mil causas diferentes: a veces, alguien detrás de esa puerta no quiere que la atravesemos y, simplemente, echa llave y candado a su puerta, delimitando su espacio. Otras veces, una ráfaga de viento de fuera, cierra la puerta de un portazo, separando lo de dentro con lo de fuera.
Hay veces que una puerta se cierra. Y hay veces que somos nosotros quienes cerramos la puerta. Hay varias formas de cerrar una puerta:
Está aquel que cierra la puerta suavemente, con miedo a que la puerta se quede atascada y no pueda volverla a abrir cuando crea oportuno. Aquel que la cierra tan, tan cuidadosamente que la puerta queda entreabierta. Y, de vez en cuando, se asoma por la rendija a ver qué ocurre al otro lado de la puerta. ¿Seguirá todo tal y como lo dejé? ¿Qué estará ocurriendo ahí detrás? Querría ser partícipe de todo ese mundo que medio ve por esa pequeña rendija, pero no sabe si puede, si debe... ¿Y si no puede volver a salir?
También tenemos a aquel que cierra la puerta con un gran portazo, sonoro y rotundo. No quiere volver a abrir esa puerta. A veces, este tipo de persona, echa una vuelta de llave a esa puerta y la tira al mar. Ahí, al fondo. Se marcha y lo que conoció tras esa puerta no lo vuelve a ver nunca más. Digamos que esta es, sin lugar a dudas, la postura más cómoda. Miles de puertas se encontrará en su camino. Muchas de ellas cerrará hasta encontrar lo que busca detrás de una.
No os confundáis. No es que esta persona sea orgullosa, ni soberbia, sino que simplemente sabe que esa puerta que cerró no le llevará a ninguna parte. ¿Para qué mantenerla abierta, entonces?
Por último, podemos distinguir a aquel que, enfurecido, cierra la puerta de un portazo. Sonoro y rotundo, sí, igual que el anterior. Pero esta vez hay una diferencia. Ha cerrado con tanto odio, con tanta rabia y tanta fuerza, que la puerta ha rebotado en el alféizar y le ha dado en toda la cara.
Hay veces que una puerta se cierra. Y hay veces que somos nosotros quienes cerramos la puerta. Hay varias formas de cerrar una puerta:
Está aquel que cierra la puerta suavemente, con miedo a que la puerta se quede atascada y no pueda volverla a abrir cuando crea oportuno. Aquel que la cierra tan, tan cuidadosamente que la puerta queda entreabierta. Y, de vez en cuando, se asoma por la rendija a ver qué ocurre al otro lado de la puerta. ¿Seguirá todo tal y como lo dejé? ¿Qué estará ocurriendo ahí detrás? Querría ser partícipe de todo ese mundo que medio ve por esa pequeña rendija, pero no sabe si puede, si debe... ¿Y si no puede volver a salir?
También tenemos a aquel que cierra la puerta con un gran portazo, sonoro y rotundo. No quiere volver a abrir esa puerta. A veces, este tipo de persona, echa una vuelta de llave a esa puerta y la tira al mar. Ahí, al fondo. Se marcha y lo que conoció tras esa puerta no lo vuelve a ver nunca más. Digamos que esta es, sin lugar a dudas, la postura más cómoda. Miles de puertas se encontrará en su camino. Muchas de ellas cerrará hasta encontrar lo que busca detrás de una.
No os confundáis. No es que esta persona sea orgullosa, ni soberbia, sino que simplemente sabe que esa puerta que cerró no le llevará a ninguna parte. ¿Para qué mantenerla abierta, entonces?
Por último, podemos distinguir a aquel que, enfurecido, cierra la puerta de un portazo. Sonoro y rotundo, sí, igual que el anterior. Pero esta vez hay una diferencia. Ha cerrado con tanto odio, con tanta rabia y tanta fuerza, que la puerta ha rebotado en el alféizar y le ha dado en toda la cara.
![]() |
| Cuidado al cerrar la puerta, no querrás acabar así. |
jueves, 27 de junio de 2013
En la boca del huracán.
"Te queda muy bien esa camiseta".
"Dani, ¿es que no te das cuenta de cómo estoy contigo?"
"Si la relación no hubiera acabado como terminó, ahora las cosas serían muy distintas".
"No puedo seguir con Carmen".
"No, no puedo seguir con alguien solo por no hacerle daño".
"Tengo que pensármelo"
"Carmen se merece una oportunidad"
"Su personalidad me encanta... sin embargo, había cosas de ti que no me cuadraban... me dejaron de gustar antes de hacer un año juntos"
"Es que ella tiene una sonrisa preciosa"
"Nunca supe lo que yo significaba en tus ojos, pero sí sé lo que ven los ojos de Carmen"
"Por primera vez, con ella, me siento con confianza en una relación y siento que me quieren"
"¿Quieres que salgamos un rato esta noche?"
"Dani... Estás muy guapa, de verdad".
Siente algo por mi. Estoy segura de ello. No digo que sea amor, pero sí puede ser la melancolía de algo que fue, atracción, cariño, deseo... No lo sé. Pero eso se nota. No se queda impasivo ante mi, y eso me gusta.
Me mira fijamente a los ojos y sus pupilas se vuelven del color del cielo por la noche, tan oscuros, tan brillantes... como aquella última noche que nos vimos. Mira mi cuerpo, arriba, abajo... y sonríe cuando le pillo. Mira mi boca y se moja los labios.
Se tumba a mi lado en aquel césped, cierra los ojos y suspira. Está tranquilo. Hace un pequeño movimiento y se pega un poquito más a mi. Otro movimiento oportuno lo acerca más a mi cuerpo... y cada vez se acerca más, y más, y más... Hasta que acabamos abrazados. Tumbados y abrazados. Él entonces aprieta con fuerza. Yo siento mi pecho contra el suyo, mis costillas crujir y mi respiración entrecortarse. No se suelta (ni yo tampoco, pero es él quien tiene novia).
Seguimos abrazados y pegados, muy pegados. Tan pegados que nuestras narices chocan y nuestras pestañas se entrelazan.
Nos dan más de las doce. Nos hacemos los remolones. Ninguno de los dos quiere irse.
"Dani, ¿es que no te das cuenta de cómo estoy contigo?"
"Si la relación no hubiera acabado como terminó, ahora las cosas serían muy distintas".
"No puedo seguir con Carmen".
"No, no puedo seguir con alguien solo por no hacerle daño".
"Tengo que pensármelo"
"Carmen se merece una oportunidad"
"Su personalidad me encanta... sin embargo, había cosas de ti que no me cuadraban... me dejaron de gustar antes de hacer un año juntos"
"Es que ella tiene una sonrisa preciosa"
"Nunca supe lo que yo significaba en tus ojos, pero sí sé lo que ven los ojos de Carmen"
"Por primera vez, con ella, me siento con confianza en una relación y siento que me quieren"
"¿Quieres que salgamos un rato esta noche?"
"Dani... Estás muy guapa, de verdad".
Frases de él.
(No me confundas más, por favor)
Siente algo por mi. Estoy segura de ello. No digo que sea amor, pero sí puede ser la melancolía de algo que fue, atracción, cariño, deseo... No lo sé. Pero eso se nota. No se queda impasivo ante mi, y eso me gusta.
Me mira fijamente a los ojos y sus pupilas se vuelven del color del cielo por la noche, tan oscuros, tan brillantes... como aquella última noche que nos vimos. Mira mi cuerpo, arriba, abajo... y sonríe cuando le pillo. Mira mi boca y se moja los labios.
Se tumba a mi lado en aquel césped, cierra los ojos y suspira. Está tranquilo. Hace un pequeño movimiento y se pega un poquito más a mi. Otro movimiento oportuno lo acerca más a mi cuerpo... y cada vez se acerca más, y más, y más... Hasta que acabamos abrazados. Tumbados y abrazados. Él entonces aprieta con fuerza. Yo siento mi pecho contra el suyo, mis costillas crujir y mi respiración entrecortarse. No se suelta (ni yo tampoco, pero es él quien tiene novia).
Seguimos abrazados y pegados, muy pegados. Tan pegados que nuestras narices chocan y nuestras pestañas se entrelazan.
Nos dan más de las doce. Nos hacemos los remolones. Ninguno de los dos quiere irse.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)





