Si
obviamos la parte sintomática, si dejamos a un lado que soy una chica con un
trastorno alimenticio, que vomita, que se da atracones, que ha parado su vida
para hacer un tratamiento, que tiene un blog sobre bulimia… si dejamos todo
esto a un margen, podemos diferenciar dos polos opuestos en mi. Es como si
tuviese dos formas de ser. Sí, se puede decir que soy una chica única, muy
completa, interesante y que nunca sabes por dónde va a salir (vamos a
tomárnoslo con humor).

Por una
parte, podemos encontrarnos mi yo intimidatorio, seguro, competente, luchador y
competitivo. Por la otra, nos toparemos con una Daniela triste, desatendida,
insegura, abandonada a la voluntad del destino, saciante de sus instintos más
animales… No es que esta última sea una especie de vagabunda o una famosa sin
maquillaje (que suelen salir horribles en las revistas de cotilleos). Yo veo a
una persona guapa, recién levantada, con la cara lavada. Una persona que se
mira al espejo y se dice a si misma “pfff, ¡que pereza! Con lo calentita que
estaba en la camita… Y que rabia, que rabia que Antonio no esté aquí a mi
ladito…”
Y esa
persona, se levanta con pocas ganas y cumple sus quehaceres a medias. Porque es
una de esas personas que espera que caiga la solución a sus problemas del
cielo, que lo que necesite aparezca de la nada, sin buscarlas ni hacer
esfuerzos en conseguirlas. Es una persona sin autodecisión, ni fuerza, ni
coraje, ni ganas de levantarse, abandonar su camino y empezar otro nuevo. Es,
en definitiva, una persona pobre (pobre no ya de bolsillo, sino de corazón y de
espíritu).
Cuando
aparece esta Daniela, no me siento viva. Soy un muerto que, sin ganas, sonríe
cada día.
Sin
embargo, no creáis que esto es así siempre. Como ya he dicho, soy alguien muy
completa. No hay una sola gama de características que me definan. Soy también
todo lo opuesto: hay veces que me siento la persona más viva del mundo. Mis
ojos se iluminan, mi piel se eriza, mi corazón salta (literalmente) en mi pecho
(como si se encogiera, como si no cupiese) y mi cuerpo entero me pide saltar,
bailar… La vida se vuelve un camino cuesta abajo. Siento que puedo con todo y
me convierto en una de esas personas radiantes, que se levantan felices y
cumplen sus deberes al pie de la letra (si pueden hacer más, hacen más). Porque
soy una de esas personas que no espera a que nada venga hacia ella, sino que va
corriendo hacia lo que quiere. Se empeña en conseguir algo y lo consigue. Es
una persona decidida, con fuerzas, con coraje, con ganas de seguir adelante,
animada, deseosa de vivir nuevas experiencias… Es, en definitiva, una persona
rica (y esta vez tampoco me refiero a asuntos monetarios).
Esta
Daniela aparece poco últimamente. Suele aparecer ante los demás, a la hora de dar
consejos, de animar o a la hora de mostrar que está bien y no le pasa nada.
Soy dos
personas en una y, como todas las personas que conviven durante mucho tiempo,
al final, acaban teniendo sus más y sus menos, sus desacuerdos y sus cosas en
común. Ambas entran en conflicto a la hora de hacer síntoma o a la hora de
tomar una decisión importante (pero hemos dicho que no vamos a hablar de
enfermedad).
Y
ambas, por supuesto, comparten muchas cosas en común. Soy una persona y todo lo
que me define. Soy los pequeños detalles que, a pesar de mis dos caracteres tan
opuestos, permanecen intactos en ambos polos:
-Mi
amor por la música. Voy a todos sitios con mis cascos, una canción me puede
alegrar el día.
-Mi
obsesión con los perfumes (siempre llevo uno en el bolso).
-Mi
olfato prodigioso. Considero que cada persona tiene un olor propio por el cual
pueden ser reconocidas (de hecho, una de las cosas que me enamoran de un chico
es su olor, no podría salir con alguien si no me atrajese su olor).
-Adoro
a los niños pequeños.
-Me
encantaría dedicarme a ayudar a personas con TCA o niños con enfermedades
mentales.
-No me
gusta el café, me sabe amargo.
-Mis
flores preferidas son las rosas. Rojas no. Blancas. Puras. Una rosa de esas que transmiten tranquilidad y paz.
Blanca inmaculada como la inocencia; tan resplandeciente como la esperanza. Una
rosa de pétalos blancos para poder escribir en ellos como si fuesen una página
nueva.
Me gustan las rosas blancas. Siempre me han gustado.
Me gustan las rosas blancas. Siempre me han gustado.
-Odio a la gente que no me
comprende al mirar dentro de mis ojos.
Soy lo que soy… por ahora.
Soy lo que soy… y hasta donde sé. Porque estoy segura de que hay muchos
detalles de mi propia persona que se escapan a mi propia observación. Pero
otros llegarán y los captarán. Algunas de mis cualidades serán alagadas y otras
rechazadas. Seguramente cambiaré algunas o las puliré, intentando ser una
persona mejor (no ya tanto para contentar a los demás, sino para poder llevarme
bien conmigo misma). Y todo esto, este proceso de juicio y modelación de mi
personalidad forma parte de mi crecimiento como persona. Para entonces,
seguramente, podré hacer una reflexión mucho más larga, más completa, más
madura… diferente.

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