Música

“Que la comida sea tu alimento y el alimento tu mejor medicina” Hipócrates

martes, 9 de julio de 2013

Se busca.

Hace cosa de un mes recibí por Ask el testimonio anónimo de una chica. Me dejó boquiabierta, me emocionó. Si bien no por ser uno de los más duros que he escuchado, sino por el enorme parecido que le encuentro a su historia con mi vida. 
Os dejo aquí lo que me contó, para que podáis disfrutarlo y, sobre todo, para que veáis que esta enfermedad SÍ tiene cura:


Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea. 
¿Cómo empecé? Pues por culpa del acoso escolar de mis primeros años en el instituto. Sacaba muy buenas notas y solo destacaba por eso mismo, era motivo de burlas y de mi soledad entre clase y clase. Me acomplejé muchísimo. Como consecuencia decidí controlarme más comiendo. Los bocatas que me preparaban mis padres para los recreos los tiraba a la papelera, nos lo comía. Al llegar a casa les mentía a mis padres, les decía que me lo comía... Antes de cada comida me bebía dos vasos de agua, si me dejaban sola comiendo tiraba la comida del plato... Llegué hasta en ocasiones a meterme los dedos para vomitar... grabado a fuego tengo la primera vez que lo hice... Me sentía fatal por llegar a comer. No salía de casa, salvo para las 6 horas de instituto. La media hora de recreo para mi era lo peor, estaba siempre sola. Llegué a pensar que todo el mundo que me miraba estaba hablando mal de mi.

El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma. 
Me di cuenta que yo mandaba en mi vida, y que si no me quiero yo, que soy la primera que me tengo que querer... ¿Quién lo va hacer? El primer paso lo doy yo, nadie puede conmigo, yo puedo con todo y me siento fuerte para luchar contra la vida. Abandoné la mala costumbre de vomitar y empecé a hacer mis cinco comidas al día. Me apoyé en mi familia, los que verdaderamente van a estar ahí en lo bueno y en lo malo. Hoy, a mis 18 casi 19 años puedo decir que he luchado y he salido de un pozo sin fondo.


Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.

Yo, después de aquella conmovedora historia, intenté contactar con ella de un modo más directo. Le pedí su Twitter, su email, su Tuenti... algo. Quería saber más de ella: cómo se llamaba, de dónde era, cómo había sido su lucha contra la enfermedad, qué era de su vida ahora... Sin embargo, ella me contestó que "no podía decirme quién era". "Déjame ayudarte y descubrirás quién soy".

¿Quién es esa chica misteriosa? ¿Vive cerca mía? ¿Me conoce, acaso? ¿Es amiga mia? Pienso en varias personas, personas de esa edad que conozco y que han tenido problemas. Pienso en su historia pero ninguna me cuadra con lo que esta chica misteriosa me ha contado. Aunque todas sabemos que nada es lo que parece, que la que más sonríe no siempre está feliz, que la más delgada no siempre está a gusto con su cuerpo, que la que más habla con todo el mundo no es la que más amigos tiene... 

Entonces, me pregunto: ¿Quién eres, chica misteriosa? ¿Cuándo volverás a hablarme? Y, lo más importante... ¿Leerás esta especie de llamada de atención hacia tu persona?




lunes, 1 de julio de 2013

1 de Julio.





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no puede ser igual a:



domingo, 30 de junio de 2013

Sólo estoy hablando de puertas.

Hay veces que una puerta se cierra. Se cierra por mil causas diferentes: a veces, alguien detrás de esa puerta no quiere que la atravesemos y, simplemente, echa llave y candado a su puerta, delimitando su espacio. Otras veces, una ráfaga de viento de fuera, cierra la puerta de un portazo, separando lo de dentro con lo de fuera.
Hay veces que una puerta se cierra. Y hay veces que somos nosotros quienes cerramos la puerta. Hay varias formas de cerrar una puerta:

Está aquel que cierra la puerta suavemente, con miedo a que la puerta se quede atascada y no pueda volverla a abrir cuando crea oportuno. Aquel que la cierra tan, tan cuidadosamente que la puerta queda entreabierta. Y, de vez en cuando, se asoma por la rendija a ver qué ocurre al otro lado de la puerta. ¿Seguirá todo tal y como lo dejé? ¿Qué estará ocurriendo ahí detrás? Querría ser partícipe de todo ese mundo que medio ve por esa pequeña rendija, pero no sabe si puede, si debe... ¿Y si no puede volver a salir?

También tenemos a aquel que cierra la puerta con un gran portazo, sonoro y rotundo. No quiere volver a abrir esa puerta. A veces, este tipo de persona, echa una vuelta de llave a esa puerta y la tira al mar. Ahí, al fondo. Se marcha y lo que conoció tras esa puerta no lo vuelve a ver nunca más. Digamos que esta es, sin lugar a dudas, la postura más cómoda. Miles de puertas se encontrará en su camino. Muchas de ellas cerrará hasta encontrar lo que busca detrás de una.
No os confundáis. No es que esta persona sea orgullosa, ni soberbia, sino que simplemente sabe que esa puerta que cerró no le llevará a ninguna parte. ¿Para qué mantenerla abierta, entonces?

Por último, podemos distinguir a aquel que, enfurecido, cierra la puerta de un portazo. Sonoro y rotundo, sí, igual que el anterior. Pero esta vez hay una diferencia. Ha cerrado con tanto odio, con tanta rabia y tanta fuerza, que la puerta ha rebotado en el alféizar y le ha dado en toda la cara.

Cuidado al cerrar la puerta, no querrás acabar así.


jueves, 27 de junio de 2013

En la boca del huracán.

"Te queda muy bien esa camiseta".
"Dani, ¿es que no te das cuenta de cómo estoy contigo?"
"Si la relación no hubiera acabado como terminó, ahora las cosas serían muy distintas".
"No puedo seguir con Carmen".
"No, no puedo seguir con alguien solo por no hacerle daño".

"Tengo que pensármelo"
"Carmen se merece una oportunidad"
"Su personalidad me encanta... sin embargo, había cosas de ti que no me cuadraban... me dejaron de gustar antes de hacer un año juntos"
"Es que ella tiene una sonrisa preciosa"
"Nunca supe lo que yo significaba en tus ojos, pero sí sé lo que ven los ojos de Carmen"
"Por primera vez, con ella, me siento con confianza en una relación y siento que me quieren"

"¿Quieres que salgamos un rato esta noche?"
"Dani... Estás muy guapa, de verdad".
                                                                                                    Frases de él.
                                                                                                    (No me confundas más, por favor)


Siente algo por mi. Estoy segura de ello. No digo que sea amor, pero sí puede ser la melancolía de algo que fue, atracción, cariño, deseo... No lo sé. Pero eso se nota. No se queda impasivo ante mi, y eso me gusta.
Me mira fijamente a los ojos y sus pupilas se vuelven del color del cielo por la noche, tan oscuros, tan brillantes... como aquella última noche que nos vimos. Mira mi cuerpo, arriba, abajo... y sonríe cuando le pillo. Mira mi boca y se moja los labios. 
Se tumba a mi lado en aquel césped, cierra los ojos y suspira. Está tranquilo. Hace un pequeño movimiento y se pega un poquito más a mi. Otro movimiento oportuno lo acerca más a mi cuerpo... y cada vez se acerca más, y más, y más... Hasta que acabamos abrazados. Tumbados y abrazados. Él entonces aprieta con fuerza. Yo siento mi pecho contra el suyo, mis costillas crujir y mi respiración entrecortarse. No se suelta (ni yo tampoco, pero es él quien tiene novia). 
Seguimos abrazados y pegados, muy pegados. Tan pegados que nuestras narices chocan y nuestras pestañas se entrelazan. 
Nos dan más de las doce. Nos hacemos los remolones. Ninguno de los dos quiere irse. 








Soy más Daniela que mi verdadero yo.

Hace años creé una vida paralela al mundo real. Hace años inventé un personaje al que bauticé como "Daniela", un personaje que sintiera y expresara lo que no me atrevía a mostrar al mundo. Fue entonces cuando me adentré en todo este mundo de internet. Tenía otro blog, allá por 2010. Me hice varias cuentas de Tuenti, Twitter, Facebook... Ahora, todo ese mundo paralelo es mi vida. Hablo más con mis amigos virtuales que con mis amigos de carne y hueso. Cuento más cosas escribiendo que hablando. Me muestro más como soy a través de Daniela que a través de mi verdadera identidad.
Toda esta falacia ha sido una vía de escape para mi durante muchos años. Y ahora, si me lo quitan, siento que me falta el aire. Siento que no soy yo. Daniela se ha apoderado de mi.

Pero últimamente me siento cohibida incluso en mi propio mundo imaginario. A veces siento que no puedo escribir todo lo que me gustaría o todo lo que pasa por mi mente por miedo a que algunas personas que me conocen lo lean. Cometí el error de enseñar este blog a personas de mi otra vida, creyendo que siempre permanecerían conmigo. Hoy, cuando ya no están a mi lado, temo escribir y ser juzgada o parecer ridícula.
Llevo semanas escribiendo en una libretita lo que me gustaría compartir con vosotras. Me paso las noches en vela, pensando si publicar mis sentimientos o no. Eso me haría vulnerable ante el otro, pero también mostraría mi valentía por ser capaz de reconocer lo que siento.

He decidido que voy a dejar de preocuparme de una vez por todas de aquello que piensen los demás y a partir de ahora voy a escribir sin censuras. Ya está bien de tener miedo. Miedo al ridículo, a ser juzgada, rechazada, criticada, abandonada...
¡Que les den a todos! Soy como soy y, como alguien me dijo una vez, unos te amarán por lo que eres y otros te odiarán por ello.

domingo, 23 de junio de 2013

Diferencias entre el TLP y el Trastorno Bipolar

Como veo que algunas personas me habéis preguntado por las diferencias entre ambos trastornos, he hecho un post con intención explicar en qué difieren el trastorno límite y la bipolaridad. Me he informado en distintas fuentes (uno de mis libros de medicina, algunas páginas de internet...) y he intentado explicar lo que he entendido yo de toda la información recopilada. Espero que os sirva para aclarar dudas. 
Deciros que, la franja que separa ambos trastornos es muy fina y que, en muchas ocasiones, algunos autores prefieren considerar el TLP como una rama de la bipolaridad, por compartir síntomas característicos. Yo voy a tomar la teoría más usada en nuestros tiempos, aquella que diferencia el trastorno límite como un trastorno independiente.



La principal diferencia es que el TLP es un trastorno de la personalidad, mientras que el trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo.

El Trastorno Límite tiene las siguientes características: 
1. Dificultades para definir quién es o quién quiere ser
2. Un historial de relaciones interpersonales muy intensas e intestables
3. Un historial de intensos esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario por parte de otras personas
4. Dificultades para controlar la ira
5. Un historial de conducta impulsiva o imprudente en relación con el sexo, el gasto o la comida, por ejemplo.
5. Un historial de actos destructivos (por ejemplo cortes en las muñecas o intentos de suicidio). 

Los trastornos de personalidad son patrones duraderos o permanentes de alteraciones del pensamiento, la percepción, la respuesta emocional, la actividad interpersonal y el control de los impulsos. Las características distintivas del TLP son la inestabilidad del estado de ánimo, de las relaciones interpersonales y de la autoimagen o de la identidad personal. 
Las personas con TLP tienen una sensación crónica de vacío, son prácticamente incapaces de estar solas y suelen amenazar con el suicidio. 
También tienden a mostrar una notable reactividad del estado de ánimo y pueden caer con rapidez en un estado de profunda tristeza ("esa tristeza", como yo la suelo llamar), ansiedad o irritabilidad en respuesta a sucesos vinculados con sus relaciones íntimas. 

Sus diferentes estados de ánimo tienden a durar unas horas y rara vez unos días. En general, el TLP permanece durante toda la vida del sujeto, aunque hay estudios recientes que señalan la mejoría con la edad. Esto es lógico puesto que la impulsividad y otros factores con componente temperamental (es decir, biológico) se van atenuando con la edad. De cualquier modo, la vida de las personas con TLP es de un profundo malestar si no entran en tratamiento.



Existen varios paralelismos entre el TLP y el trastorno bipolar, sobre todo con las formas de ciclos rápidos, pero también hay diferencias apreciables. 

En el TLP, los cambios de estado de ánimo suelen ser muy breves e intensos y casi siempre surgen como reacción de la persona afectada a sentirse rechazada por alguien con quien mantiene una relación muy íntima.Los problemas de las personas con TLP son más visibles cuando se observan sus relaciones sentimentales. Tienden a alternar entre la idealización y la devaluación (pensamiento dicotómico: "o blanco, o negro"). Una misma persona les puede parecer la mejor persona del mundo y, de un día para otro, se les cae del pedestal y es una persona odiosa. No tienen término medio, o adoran u odian. 
Esto es por la disociación (mecanismo de defensa por el cual el sujeto no relaciona aquellas partes de las realidad que no le interesa para crear su propia idea, ya sea olvidando ciertos detalles o creando una personalidad a parte, y llevando a cabo dos vidas diferentes-que es lo que yo hago,y hacemos todas con nuestros twitters y blogs). Este elemento es común con el trastorno bipolar.

En lineas generales, el trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo en el que alternan fases de bajo estado anímico (depresivas) con fases de ánimo excesivamente alto o eufórico (maníacas o hipomaníacas).
En cambio, en el trastorno límite de la personalidad, lo que se produce es un patrón de inestabilidad afectiva que tiende a la insatisfacción personal permanente, con sentimientos de vacío cronificados... También hay un patrón de relaciones interpersonales alterado. Para que lo entendáis, el TLP está más relacionado con las relaciones con los demás, mientras el trastorno bipolar no. Los cambios de humor que se producen en el TLP son mayoritariamente producidos por sentimientos de rechazo, por el miedo al abandono (ya sea real o no) o por los pensamientos obsesivos (me mira mal, no le caigo bien, todos me odian, están hablando mal de mi, piensa que soy gorda...). 
Además, en cuanto al origen del trastorno hay bastantes diferencias: mientras que para el trastorno bipolar está claro que su origen es puramente biológico, para el trastorno límite de la personalidad hay quienes defienden que aunque puede tener un compente biológico, para que se desarrolle deben influir factores del desarrollo infantil y adolescente (crianza, familia, amigos, educación, primeras parejas, etc...) que no se contemplan para el trastorno bipolar.

El trastorno bipolar, por tanto, se puede tratar con medicación, mientras que el trastorno límite no. Por eso diagnosticar de trastorno bipolar a personas que en realidad tienen un TLP alienta a los pacientes y a sus familias a tener esperanzas poco realistas sobre lo que la medicación puede hacer.

sábado, 22 de junio de 2013

Al límite.

Creo que es algo que nunca os he comentado. Quizás porque no pilló de sorpresa, quizás porque lo tengo demasiado normalizado en mi vida, quizás porque creo que es algo evidente en mi... no lo sé. El caso es que hace un par de meses me diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Trastorno Bordelaine. 
Muchos habréis escuchado hablar de él. Muchos os habréis autoimpuesto la etiqueta de Bordelaine, al igual que ahora está de moda ponerse la etiqueta de bipolar (sin haber sido diagnosticado ni tener idea de todo lo que ello conlleva).

Este trastorno es algo que jode bastante. Te vuelves loca. Tienes comportamientos extraños, contradictorios, que no comprendes. Tú misma te llegas a preguntar "¿pero qué me está ocurriendo? ¿por qué hago esto, si no es mi intención?". Llegas a pensar que estás loca, que eres mala, que eres asquerosamente dependiente de los demás. Te sientes un bicho raro, sientes que no encajas con nadie y en ningún lugar y haces de todo para intentar agradar (de TODO, incluso cosas de las que no estarías orgullosa). Y luego viene la culpa y el asco hacia una misma. 



El trastorno límite de la personalidad tiene tres rasgos primordiales:
  •  Pensamiento polarizado.
  • Altibajos emocionales muy acentuados y repentinos.
  • Relaciones interpersonales caóticas.

Las personas con trastorno límite de la personalidad poseen un pensamiento que va de un extremo al otro, se podría decir que de un límite al otro. Más allá de ser extremistas, se muestran muy impulsivos y con facilidad cambian de opinión y se van al polo opuesto. Por ello es fácil que al día siguiente o esa misma tarde estén haciendo lo contrario a lo que hubieran hecho por la mañana.

Emocionalmente tienen un desajuste muy importante, por ello necesitan constantemente sentirse aceptados por el resto, e incluso que el resto les verbalice lo buenos que son, o lo bien que se está con ellos. Necesitan a menudo ser el centro de atención, y si no lo consiguen, tienden a enfadarse, irritarse y posiblemente a hacer un Show de la situación dramatizándola. Las emociones generalmente las viven de forma magnificada, si algo se bueno, para ellos es buenísimo, y si ocurre algo malo, es una catástrofe. Emocionalmente tienen serias dificultades para aceptar un NO por parte de otra persona.

A nivel interpersonal su vida se vuelve muy compleja, y tienen varias experiencias dolorosas de parejas, amigos… que les han dado la espada o les han traicionado directamente. Tienden a monopolizar las relaciones, llegando a ahogar al otro. Y uniéndolo al pensamiento polarizado que comentábamos al principio, pueden considerar a una persona como magnífica y colocarla para ellos encima de un pedestal, para al cabo de un tiempo, considerar a esa misma persona como un traidor y su mayor enemigo. En las relaciones de pareja, las personas con trastorno límite de la personalidad se enamoran muy rápidamente, y se sienten convencidos que han encontrado a su pareja ideal, siguen el mismo patrón ensalzando a la persona y en este caso son capaces de dejarse hacer lo que sea con tal de no sentirse abandonados por su pareja, ya sea por un abandono real que pueda ser o por uno que la persona con trastorno límite se imagine que pueda ocurrir.
Otras características muy importantes del trastorno límite de la personalidad son:
  • Comportamientos autolesivos o amenazas de ellos. Pueden presentar ideas de suicidio recurrentes.
  • Ira inapropiada e intensa y dificultades para manejarla.
  • Sentimientos crónicos de vacío.
  • Impulsividad en dos o más áreas potencialmente dañinas para su salud como: Drogas, conducción temeraria, gastos, sexo, atracones de comida…

Aquí os dejo un enlace, por si queréis saber más, donde viene explicado con mucho más detalle cómo se siente la persona con TLP: http://www.cat-barcelona.com/pdf/biblioteca/trastornos-de-personalidad/1_-_trastorno_limite_de_personalidad.pdf

miércoles, 19 de junio de 2013

¿Quién soy?

Si obviamos la parte sintomática, si dejamos a un lado que soy una chica con un trastorno alimenticio, que vomita, que se da atracones, que ha parado su vida para hacer un tratamiento, que tiene un blog sobre bulimia… si dejamos todo esto a un margen, podemos diferenciar dos polos opuestos en mi. Es como si tuviese dos formas de ser. Sí, se puede decir que soy una chica única, muy completa, interesante y que nunca sabes por dónde va a salir (vamos a tomárnoslo con humor).





         





Por una parte, podemos encontrarnos mi yo intimidatorio, seguro, competente, luchador y competitivo. Por la otra, nos toparemos con una Daniela triste, desatendida, insegura, abandonada a la voluntad del destino, saciante de sus instintos más animales… No es que esta última sea una especie de vagabunda o una famosa sin maquillaje (que suelen salir horribles en las revistas de cotilleos). Yo veo a una persona guapa, recién levantada, con la cara lavada. Una persona que se mira al espejo y se dice a si misma “pfff, ¡que pereza! Con lo calentita que estaba en la camita… Y que rabia, que rabia que Antonio no esté aquí a mi ladito…”

Y esa persona, se levanta con pocas ganas y cumple sus quehaceres a medias. Porque es una de esas personas que espera que caiga la solución a sus problemas del cielo, que lo que necesite aparezca de la nada, sin buscarlas ni hacer esfuerzos en conseguirlas. Es una persona sin autodecisión, ni fuerza, ni coraje, ni ganas de levantarse, abandonar su camino y empezar otro nuevo. Es, en definitiva, una persona pobre (pobre no ya de bolsillo, sino de corazón y de espíritu).

Cuando aparece esta Daniela, no me siento viva. Soy un muerto que, sin ganas, sonríe cada día.



Sin embargo, no creáis que esto es así siempre. Como ya he dicho, soy alguien muy completa. No hay una sola gama de características que me definan. Soy también todo lo opuesto: hay veces que me siento la persona más viva del mundo. Mis ojos se iluminan, mi piel se eriza, mi corazón salta (literalmente) en mi pecho (como si se encogiera, como si no cupiese) y mi cuerpo entero me pide saltar, bailar… La vida se vuelve un camino cuesta abajo. Siento que puedo con todo y me convierto en una de esas personas radiantes, que se levantan felices y cumplen sus deberes al pie de la letra (si pueden hacer más, hacen más). Porque soy una de esas personas que no espera a que nada venga hacia ella, sino que va corriendo hacia lo que quiere. Se empeña en conseguir algo y lo consigue. Es una persona decidida, con fuerzas, con coraje, con ganas de seguir adelante, animada, deseosa de vivir nuevas experiencias… Es, en definitiva, una persona rica (y esta vez tampoco me refiero a asuntos monetarios).

Esta Daniela aparece poco últimamente. Suele aparecer ante los demás, a la hora de dar consejos, de animar o a la hora de mostrar que está bien y no le pasa nada.

Soy dos personas en una y, como todas las personas que conviven durante mucho tiempo, al final, acaban teniendo sus más y sus menos, sus desacuerdos y sus cosas en común. Ambas entran en conflicto a la hora de hacer síntoma o a la hora de tomar una decisión importante (pero hemos dicho que no vamos a hablar de enfermedad).
Y ambas, por supuesto, comparten muchas cosas en común. Soy una persona y todo lo que me define. Soy los pequeños detalles que, a pesar de mis dos caracteres tan opuestos, permanecen intactos en ambos polos:

-Mi amor por la música. Voy a todos sitios con mis cascos, una canción me puede alegrar el día.
-Mi obsesión con los perfumes (siempre llevo uno en el bolso).
-Mi olfato prodigioso. Considero que cada persona tiene un olor propio por el cual pueden ser reconocidas (de hecho, una de las cosas que me enamoran de un chico es su olor, no podría salir con alguien si no me atrajese su olor).
-Adoro a los niños pequeños.
-Me encantaría dedicarme a ayudar a personas con TCA o niños con enfermedades mentales.
-No me gusta el café, me sabe amargo.
-Mis flores preferidas son las rosas. Rojas no. Blancas. Puras. Una rosa de esas que transmiten tranquilidad y paz. Blanca inmaculada como la inocencia; tan resplandeciente como la esperanza. Una rosa de pétalos blancos para poder escribir en ellos como si fuesen una página nueva.
Me gustan las rosas blancas. Siempre me han gustado.
-Odio a la gente que no me comprende al mirar dentro de mis ojos.



Soy lo que soy… por ahora. Soy lo que soy… y hasta donde sé. Porque estoy segura de que hay muchos detalles de mi propia persona que se escapan a mi propia observación. Pero otros llegarán y los captarán. Algunas de mis cualidades serán alagadas y otras rechazadas. Seguramente cambiaré algunas o las puliré, intentando ser una persona mejor (no ya tanto para contentar a los demás, sino para poder llevarme bien conmigo misma). Y todo esto, este proceso de juicio y modelación de mi personalidad forma parte de mi crecimiento como persona. Para entonces, seguramente, podré hacer una reflexión mucho más larga, más completa, más madura… diferente. 

martes, 18 de junio de 2013

Soy de esas.

Yo soy de esas a las que se conquistan tomándolas fuertemente por la cintura y besándolas apasionadamente, como si no hubiera un mañana. Soy de esas a las que se les eriza la piel con una simple caricia en el pelo, de esas que se estremecen con un susurro al oído. Soy de esas a las que puedes atraer con un buen perfume, de esas que son fácilmente engatusadas con palabras bonitas.

Soy de las que no se asustan de “los te quiero”, de las que sueñan despiertas con romances shakesperianos. Soy una ilusa que, a pesar de lo vivido, comienza cada amor como si fuese infinito, para siempre, como si no tuvieran fecha de caducidad. Supongo que de alguna manera pretendo demostrarles a mis padres que el amor sí existe, que las personas pueden quererse toda una vida o que tras una ruptura, no tiene por qué quedar odio… O quizás pretenda demostrármelo a mí misma. Nunca se sabe.


De todas maneras, sea como sea, soñar es gratis…


…hasta que te estampas contra el suelo. 


sábado, 8 de junio de 2013

Cuando eres consciente de que un amor duele.




Miles: ¿Por qué siempre me enamoro de la chica mala?

Iris: Tu no sabias que fuera mala.

Miles: Prrr... Sabía que no era buena.

Miles: Lo diré de otro modo. ¿Por qué me atrae una persona que sé que no es buena?

Iris: Creo que yo se la respuesta. Porque esperas estar equivocado y cada vez que ella comete un error y algo te dice que no es buena, no haces caso. Y cuando es buena contigo y te sorprende, vuelve a conquistarte... y acabas descartando la idea de que no te conviene.

Miles: ¡Exacto!

Iris: Te entiendo... Oye, se que es difícil creer a la gente cuando te dice “Se como te sientes” pero en mi caso realmente, lo sé. Verás, estuve saliendo con una persona en Londres. Trabajamos en el mismo periódico, y un día me enteré que salia con otra chica, Sara; de la sección de producción en la planta diecinueve. Resultó que él no estaba tan enamorado de mi como yo creía. 
Lo que intento decirte, es que entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño e insignificante y patético de la humanidad y lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que ni si quieras sabias que tenias. Y da igual cuantas veces te cambies de peinado, a cuántos gimnasios te apuntes o cuantas copas te tomes con las amigas, por que sigues acostándote todas las noches repasando todos los detalles y preguntándote que hiciste mal  o que pudiste malinterpretar y como puñetas en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz. A veces, incluso logras convencerte de que él verá la luz y se presentará en tu puerta. Y después de todo eso, y aunque esa situación dure mucho tiempo, pasa a un lugar nuevo, y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio y va recomponiendo tu alma pedazo a pedazo y toda esa época difusa, esos años de tu vida que has malgastado empiezan por fín a desvanecerse.



Fragmento de la película "The holiday" 

Mataría por saber lo que merezco y no.

Mientras tanto, soy presa de mi querida soledad. Noto como ella se acostumbra a mi, aunque yo sea difícil persona. Maldigo mil veces aquel momento que no supe restar temores ni supe valorar cada instante vivido de emoción y alegría que tuve. No sé si solo me queda perderme y no encontrarme, o hacer lo que muchas veces hago: pensar por los demás. Le doy muchas vueltas a todo, quiero siempre una respuesta. Necesito que las piezas del puzzle de mi vida encajen por completo. Que todo esté correcto... Me falta algo. Y sí, me siento vacía, estoy a la mitad de mi rendimiento y temo que se apague por completo. Y al decir esto, me refiero a que temo me convierta en una persona totalmente fría, calculadora y sin sentimientos. Vivo en un constante enfado conmigo misma, nada me sale bien, ni siquiera es similar a lo que quiero. 
A puñetazos con el saco de mis pensamientos estoy continuamente.