Tu vida es como un gran barco.
Estoy segura de que habrás oído hablar de Titanic. Oh, Titanic. Esa maravillosa historia de amor trágico donde chico conoce chica, se enamoran y él entrega heroicamente su vida por ella.
No. Tu vida no es como la vida de esos dos adolescentes. Tu vida no es la historia que ocurre en un barco de una de las películas de James Cameron. Cuando hablo de tu vida como un gran barco, me estoy refiriendo al barco en sí, enorme o pequeño, fuerte o quebradizo, lujoso o humilde, nuevo o antiguo... Un barco que tú vas construyendo poco a poco, que tú eliges cómo quieres que sea y que tú misma diriges por mares en calma a veces, y mares más revueltos y peligrosos en otras ocasiones.
A veces, como en Titanic, el barco choca. Y todo lo esplendoroso, fuerte y grandioso que era no sirve de nada. Porque todo él se hunde. Sólo quedas tú y unas cuantas tablas en la superficie. Con desesperación, y tratando de hacer frente a las olas, te diriges a las tablas. Las agarras con fuerzas. No puede escapar ni una. Todas son bienvenidas, pues no sabes cuánto tiempo vas a permanecer en mitad del océano ni cuánto tiempo van a aguantar tus piernas. Y por mucho que te cueste, por mucho que quieras tirar la toalla, ¡¡tienes que aguantar agarrada a esas benditas tablas!! Porque son lo que te sacarán de ese hundimiento.
Cuando nuestra vida choca con algún problema, muchas veces, nos dejamos hundir hasta el fondo. Pero siempre, SIEMPRE, quedan algunas tablas en la superficie: amigos, familia, sueños por los que merece la pena vivir... Agárrate a ellos, saca tu fuerza de ahí y no te hundas.
Y si eres de esos escépticos a los que les cuesta ver aquellas tablas que están ahí para prestarles un poco de descanso a sus piernas, recuerda: la última tabla, la tabla más resistente, eres tú.
Música
“Que la comida sea tu alimento y el alimento tu mejor medicina” Hipócrates
miércoles, 24 de julio de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
Aterrada.
Estoy asustadísima. Aterrada. Cagada.
Me da pánico lo que pueda pasar en un futuro. Me da pánico que todo se venga abajo y eso me haga recaer otra vez. Me da pánico estar equivocándome y no poder dar marcha atrás a mis errores. Me da pánico perder amigos por la decisión que estoy tomando.
Se supone que hoy Antonio y yo empezábamos algo juntos, de nuevo. Se supone que debería estar pegando saltos de felicidad... pero estoy aquí en la cama, asustada como un perro cuando lo abandonan a la intemperie.
Estoy abandonada a mi buena o mala suerte. No controlo nada ahora mismo, y eso me da mucho miedo. No me fío de mi misma, de lo que pueda hacer en un futuro.
Dios mio, que alguien me de la respuesta correcta, porque yo ya no puedo más. Mi corazón me dice una cosa y mi cabeza otra. Estoy loca.
No soy fuerte. No soy valiente. No soy madura. No soy autosuficiente. No soy una mierda en este mundo. Sólo pido que alguien me recoja, me abrace y me diga por una vez qué debo hacer. Por favor.
Me da pánico lo que pueda pasar en un futuro. Me da pánico que todo se venga abajo y eso me haga recaer otra vez. Me da pánico estar equivocándome y no poder dar marcha atrás a mis errores. Me da pánico perder amigos por la decisión que estoy tomando.
Se supone que hoy Antonio y yo empezábamos algo juntos, de nuevo. Se supone que debería estar pegando saltos de felicidad... pero estoy aquí en la cama, asustada como un perro cuando lo abandonan a la intemperie.
Estoy abandonada a mi buena o mala suerte. No controlo nada ahora mismo, y eso me da mucho miedo. No me fío de mi misma, de lo que pueda hacer en un futuro.
Dios mio, que alguien me de la respuesta correcta, porque yo ya no puedo más. Mi corazón me dice una cosa y mi cabeza otra. Estoy loca.
No soy fuerte. No soy valiente. No soy madura. No soy autosuficiente. No soy una mierda en este mundo. Sólo pido que alguien me recoja, me abrace y me diga por una vez qué debo hacer. Por favor.
viernes, 19 de julio de 2013
Cartas de amor cuando ya no hay amor.
Hace unos tres meses, poco después de que Antonio cortase conmigo, le escribí una carta. Fue una especie de despedida. Necesitaba decirle adiós, dejarle claras algunas cosas, estar en paz conmigo misma... Pero él no quería hablar conmigo. Y era normal. Yo le había hecho mucho daño.
Creo que nunca os he contado mi historia completa con Antonio. Es bastante larga y al contarla correría el riesgo de suprimir detalles bastante importantes. Además, es nuestras historia, de Antonio y mía. Así que dejémoslo básicamente en que él llegó en un mal momento de mi vida, me hizo un regalo precioso y tras siete meses me acabó conquistando. Pero mi mente a veces estaba más pendiente de mi anterior pareja que de él. Eso le hizo convertirse en una persona desconfiada, controladora, con poca autoestima, celosa... Y yo soy una chica a la que le gusta que los hombres por la calle le miren o le piten con el coche. Una de esas chicas que ponen cara de pocos amigos cuando alguien le dice un piropo pero que al darse la vuelta, su muesca de desprecio se convierte en una sonrisita contenida. Soy una chica que ha visto demasiadas películas de amor.
Y esta chica que ha visto demasiado dramas amorosos conoció a un chico y empezó a hablar con él. Le empezó a gustar y todo se complicó entre Antonio y ella. Ya no sabía si seguía queriendo a Antonio o no, si quería empezar una relación con el nuevo chico o no... No sabía nada.
Así es como llegamos al punto de la historia de la que os quería hablar: a la carta.
Hoy, tres meses después y en un punto de la historia muy diferente, la he releído y me ha apetecido compartirla con vosotros. Aquí tenéis:
Creo que nunca os he contado mi historia completa con Antonio. Es bastante larga y al contarla correría el riesgo de suprimir detalles bastante importantes. Además, es nuestras historia, de Antonio y mía. Así que dejémoslo básicamente en que él llegó en un mal momento de mi vida, me hizo un regalo precioso y tras siete meses me acabó conquistando. Pero mi mente a veces estaba más pendiente de mi anterior pareja que de él. Eso le hizo convertirse en una persona desconfiada, controladora, con poca autoestima, celosa... Y yo soy una chica a la que le gusta que los hombres por la calle le miren o le piten con el coche. Una de esas chicas que ponen cara de pocos amigos cuando alguien le dice un piropo pero que al darse la vuelta, su muesca de desprecio se convierte en una sonrisita contenida. Soy una chica que ha visto demasiadas películas de amor.
Y esta chica que ha visto demasiado dramas amorosos conoció a un chico y empezó a hablar con él. Le empezó a gustar y todo se complicó entre Antonio y ella. Ya no sabía si seguía queriendo a Antonio o no, si quería empezar una relación con el nuevo chico o no... No sabía nada.
Así es como llegamos al punto de la historia de la que os quería hablar: a la carta.
Hoy, tres meses después y en un punto de la historia muy diferente, la he releído y me ha apetecido compartirla con vosotros. Aquí tenéis:
Sé que no quieres ni oír hablar de mí. Sé que no quieres verme ni en sueños. Sé que estás cansado de mis idas y venidas. Sé que esta carta te va a sonar a un poco de esto y aquello, a siempre lo mismo y que, probablemente no termines de leerla o ni la empieces siquiera. Pero aún así, y a pesar de todo, yo necesitaba escribir esto. Soy consciente de que probablemente no me responderás (y si lo haces no será para bien), pero al menos me habré desahogado. Me paso las noches en vela por miedo a quedarme dormida. Miedo a dormir y soñar. Miedo a pasar la misma angustia cada noche. Entonces recuerdo aquellos últimos días en los que eras tú quien no podías dormir. Recuerdo tus sueños extraños y me pregunto “¿estaré pagando por todo lo que le hice pasar?”. Ahora comprendo cómo te debiste sentir. Ahora comprendo que no fue fácil tu situación. Ahora comprendo que te habría venido bien un poco más de amor y menos cariño (el cariño para los amigos).
Te echo de menos. Te echo de menos al escuchar una canción, te echo de menos los viernes por la noche, te echo de menos entre las sábanas, te echo de menos cada vez que me cruzo con un perro por la calle, te echo de menos al ducharme, te echo de menos cuando me arreglo, te echo de menos cada vez que saco la cartera, te echo de menos al acostarme, te echo de menos en mi teléfono… Te echo de menos a cada instante.
Nunca pensé que te perdería del todo.
Se suponía que íbamos a casarnos, a tener hijos juntos y que te acabaría comprando un perro el día que nuestros hijos se fuesen de casa.
Se suponía que iríamos a una cabaña y que con una copa de vino y sábanas blancas, haríamos a Manuel.
Se suponía… Pero supongo que yo lo estropeé todo.
Sólo puedo decir que lo siento mucho y que me gustaría que mi actitud hubiera sido diferente. Hice muchas cosas mal. No te presté la atención que merecías, no me esforcé lo suficiente, no te quise cuanto pude. En este caso, la confianza mató al gato. Pobre gatito… y que perro más tonto, que se enamoró del animal más arisco de todos.
miércoles, 17 de julio de 2013
You know what I mean.
Hoy confieso al mundo que no he parado un solo día de pensar en ti, que actué muy mal cuando tonteé con otro hombre teniéndote para mi, que muero de dolor cada vez que hablas de ella...
Hoy confieso al mundo que mi cabeza es un torbellino de emociones y pensamientos. Cuántas cosas han pasado en cuatro meses... cuántos besos habrás dado... cuántos besos he dado... No es fácil de asimilar.
Y todo el daño que nos hicimos, ¿dónde queda? Ahora no me apetece gritarte, prefiero besarte. Y besarte en público. Media hora, una hora, dos horas... que nos dé el amanecer. Besémonos hasta perturbar las calles de Sevilla. Quiero que nos señalen con el dedo, que los turistas japoneses nos tomen fotos y que alguna abuela susurre al pasar "que poca vergüenza, por favor...".
Te quiero. Y sé que no te lo puedo decir. Pero no te lo estoy diciendo, sólo lo escribo. Te quiero (ya lo he vuelto a escribir). Y a tu novia que le den. Yo sé que tú también querrías decírmelo.
Vayamos a la playa, no me importa exponer mi cuerpo. Vayamos a hacer escalada. Vayamos a esquiar. Vayamos a hacer turismo por las calles de Pekín y las sabanas del África tropical.
Hagamos mil cosas juntos y dejemos de pensar en el futuro. ¿Casarnos? ya se verá. ¿Tener hijos? Brother, please, el sexo siempre con precaución.
Ambos hemos madurado. Somos una versión mejorada de nosotros mismos y, si antes eras un novio genial, ¿cómo serás ahora? No quiero desaprovechar la oportunidad de averiguarlo.
En cuanto a mi... bueno, sé que no soy la mejor novia del mundo. Sé que tus padres me odian, que te hice mucho daño, que no te traté para nada como merecías, que no salía casi nada... Pero prometo que cambiará. No quiero seguir mi vida enferma. Quiero salir. Quiero dejar de ser Daniela (you know what I mean).
Moreno, creo que quedan bastante claras mis intenciones... sólo dime "pequeña, ven p'acá" y seré tuya ;)
Hoy confieso al mundo que mi cabeza es un torbellino de emociones y pensamientos. Cuántas cosas han pasado en cuatro meses... cuántos besos habrás dado... cuántos besos he dado... No es fácil de asimilar.
Y todo el daño que nos hicimos, ¿dónde queda? Ahora no me apetece gritarte, prefiero besarte. Y besarte en público. Media hora, una hora, dos horas... que nos dé el amanecer. Besémonos hasta perturbar las calles de Sevilla. Quiero que nos señalen con el dedo, que los turistas japoneses nos tomen fotos y que alguna abuela susurre al pasar "que poca vergüenza, por favor...".Te quiero. Y sé que no te lo puedo decir. Pero no te lo estoy diciendo, sólo lo escribo. Te quiero (ya lo he vuelto a escribir). Y a tu novia que le den. Yo sé que tú también querrías decírmelo.
Vayamos a la playa, no me importa exponer mi cuerpo. Vayamos a hacer escalada. Vayamos a esquiar. Vayamos a hacer turismo por las calles de Pekín y las sabanas del África tropical.
Hagamos mil cosas juntos y dejemos de pensar en el futuro. ¿Casarnos? ya se verá. ¿Tener hijos? Brother, please, el sexo siempre con precaución.
Ambos hemos madurado. Somos una versión mejorada de nosotros mismos y, si antes eras un novio genial, ¿cómo serás ahora? No quiero desaprovechar la oportunidad de averiguarlo.
En cuanto a mi... bueno, sé que no soy la mejor novia del mundo. Sé que tus padres me odian, que te hice mucho daño, que no te traté para nada como merecías, que no salía casi nada... Pero prometo que cambiará. No quiero seguir mi vida enferma. Quiero salir. Quiero dejar de ser Daniela (you know what I mean).
Moreno, creo que quedan bastante claras mis intenciones... sólo dime "pequeña, ven p'acá" y seré tuya ;)
martes, 9 de julio de 2013
Se busca.
Hace cosa de un mes recibí por Ask el testimonio anónimo de una chica. Me dejó boquiabierta, me emocionó. Si bien no por ser uno de los más duros que he escuchado, sino por el enorme parecido que le encuentro a su historia con mi vida.
Os dejo aquí lo que me contó, para que podáis disfrutarlo y, sobre todo, para que veáis que esta enfermedad SÍ tiene cura:
Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea.
Cuando tenía 12 o 13 años y al ir creciendo mental y físicamente, me iba dando cuenta de lo que según la sociedad era "perfecto". Y al analizarlo en mi cuerpo, llegué a una conclusión: YO no era "perfecta". Mis caderas y mi culo era más anchos y más curvados de lo que según la sociedad era normal, pero aún así yo no llegaba a estar gorda. Mi mente empezó a cambiar. Yo misma decía “Estas en esta situación porque estás gorda”.Siempre he sido una chica alta y con curvas marcadas, ni delgada ni gorda. Pero llegué a un momento en el cual me veía gorda y fea.
¿Cómo empecé? Pues por culpa del acoso escolar de mis primeros años en el instituto. Sacaba muy buenas notas y solo destacaba por eso mismo, era motivo de burlas y de mi soledad entre clase y clase. Me acomplejé muchísimo. Como consecuencia decidí controlarme más comiendo. Los bocatas que me preparaban mis padres para los recreos los tiraba a la papelera, nos lo comía. Al llegar a casa les mentía a mis padres, les decía que me lo comía... Antes de cada comida me bebía dos vasos de agua, si me dejaban sola comiendo tiraba la comida del plato... Llegué hasta en ocasiones a meterme los dedos para vomitar... grabado a fuego tengo la primera vez que lo hice... Me sentía fatal por llegar a comer. No salía de casa, salvo para las 6 horas de instituto. La media hora de recreo para mi era lo peor, estaba siempre sola. Llegué a pensar que todo el mundo que me miraba estaba hablando mal de mi.
El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma.
El momento ducha y el de dormir eran motivo de desahogo, no paraba de llorar, no veía salida a ese túnel en el que había entrado. Me daba miedo ir al instituto. Mis padres movieron ficha, desesperados fueron a hablar con mi tutora, la cuál me apoyó muchísimo. Tachaba los días que me quedaban para que finalizara el curso y salir de allí. Mi madre me decía “Demuestra que tú eres fuerte que a ti nadie te hunde, tu familia te quiere”. Al terminar el curso perdí 8 kilos, me quedé delgadísima. Me miraba al espejo y me preguntaba que estaba haciendo conmigo misma.
Me di cuenta que yo mandaba en mi vida, y que si no me quiero yo, que soy la primera que me tengo que querer... ¿Quién lo va hacer? El primer paso lo doy yo, nadie puede conmigo, yo puedo con todo y me siento fuerte para luchar contra la vida. Abandoné la mala costumbre de vomitar y empecé a hacer mis cinco comidas al día. Me apoyé en mi familia, los que verdaderamente van a estar ahí en lo bueno y en lo malo. Hoy, a mis 18 casi 19 años puedo decir que he luchado y he salido de un pozo sin fondo.
Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.
Me contó todo aquello porque, según me dijo, había leído mi blog y mi twitter y se había sentido en la obligación de ayudarme. Quería demostrarme que de esto se sale, y ayudarme a ello.
Yo, después de aquella conmovedora historia, intenté contactar con ella de un modo más directo. Le pedí su Twitter, su email, su Tuenti... algo. Quería saber más de ella: cómo se llamaba, de dónde era, cómo había sido su lucha contra la enfermedad, qué era de su vida ahora... Sin embargo, ella me contestó que "no podía decirme quién era". "Déjame ayudarte y descubrirás quién soy".
¿Quién es esa chica misteriosa? ¿Vive cerca mía? ¿Me conoce, acaso? ¿Es amiga mia? Pienso en varias personas, personas de esa edad que conozco y que han tenido problemas. Pienso en su historia pero ninguna me cuadra con lo que esta chica misteriosa me ha contado. Aunque todas sabemos que nada es lo que parece, que la que más sonríe no siempre está feliz, que la más delgada no siempre está a gusto con su cuerpo, que la que más habla con todo el mundo no es la que más amigos tiene...
Entonces, me pregunto: ¿Quién eres, chica misteriosa? ¿Cuándo volverás a hablarme? Y, lo más importante... ¿Leerás esta especie de llamada de atención hacia tu persona?
lunes, 1 de julio de 2013
domingo, 30 de junio de 2013
Sólo estoy hablando de puertas.
Hay veces que una puerta se cierra. Se cierra por mil causas diferentes: a veces, alguien detrás de esa puerta no quiere que la atravesemos y, simplemente, echa llave y candado a su puerta, delimitando su espacio. Otras veces, una ráfaga de viento de fuera, cierra la puerta de un portazo, separando lo de dentro con lo de fuera.
Hay veces que una puerta se cierra. Y hay veces que somos nosotros quienes cerramos la puerta. Hay varias formas de cerrar una puerta:
Está aquel que cierra la puerta suavemente, con miedo a que la puerta se quede atascada y no pueda volverla a abrir cuando crea oportuno. Aquel que la cierra tan, tan cuidadosamente que la puerta queda entreabierta. Y, de vez en cuando, se asoma por la rendija a ver qué ocurre al otro lado de la puerta. ¿Seguirá todo tal y como lo dejé? ¿Qué estará ocurriendo ahí detrás? Querría ser partícipe de todo ese mundo que medio ve por esa pequeña rendija, pero no sabe si puede, si debe... ¿Y si no puede volver a salir?
También tenemos a aquel que cierra la puerta con un gran portazo, sonoro y rotundo. No quiere volver a abrir esa puerta. A veces, este tipo de persona, echa una vuelta de llave a esa puerta y la tira al mar. Ahí, al fondo. Se marcha y lo que conoció tras esa puerta no lo vuelve a ver nunca más. Digamos que esta es, sin lugar a dudas, la postura más cómoda. Miles de puertas se encontrará en su camino. Muchas de ellas cerrará hasta encontrar lo que busca detrás de una.
No os confundáis. No es que esta persona sea orgullosa, ni soberbia, sino que simplemente sabe que esa puerta que cerró no le llevará a ninguna parte. ¿Para qué mantenerla abierta, entonces?
Por último, podemos distinguir a aquel que, enfurecido, cierra la puerta de un portazo. Sonoro y rotundo, sí, igual que el anterior. Pero esta vez hay una diferencia. Ha cerrado con tanto odio, con tanta rabia y tanta fuerza, que la puerta ha rebotado en el alféizar y le ha dado en toda la cara.
Hay veces que una puerta se cierra. Y hay veces que somos nosotros quienes cerramos la puerta. Hay varias formas de cerrar una puerta:
Está aquel que cierra la puerta suavemente, con miedo a que la puerta se quede atascada y no pueda volverla a abrir cuando crea oportuno. Aquel que la cierra tan, tan cuidadosamente que la puerta queda entreabierta. Y, de vez en cuando, se asoma por la rendija a ver qué ocurre al otro lado de la puerta. ¿Seguirá todo tal y como lo dejé? ¿Qué estará ocurriendo ahí detrás? Querría ser partícipe de todo ese mundo que medio ve por esa pequeña rendija, pero no sabe si puede, si debe... ¿Y si no puede volver a salir?
También tenemos a aquel que cierra la puerta con un gran portazo, sonoro y rotundo. No quiere volver a abrir esa puerta. A veces, este tipo de persona, echa una vuelta de llave a esa puerta y la tira al mar. Ahí, al fondo. Se marcha y lo que conoció tras esa puerta no lo vuelve a ver nunca más. Digamos que esta es, sin lugar a dudas, la postura más cómoda. Miles de puertas se encontrará en su camino. Muchas de ellas cerrará hasta encontrar lo que busca detrás de una.
No os confundáis. No es que esta persona sea orgullosa, ni soberbia, sino que simplemente sabe que esa puerta que cerró no le llevará a ninguna parte. ¿Para qué mantenerla abierta, entonces?
Por último, podemos distinguir a aquel que, enfurecido, cierra la puerta de un portazo. Sonoro y rotundo, sí, igual que el anterior. Pero esta vez hay una diferencia. Ha cerrado con tanto odio, con tanta rabia y tanta fuerza, que la puerta ha rebotado en el alféizar y le ha dado en toda la cara.
![]() |
| Cuidado al cerrar la puerta, no querrás acabar así. |
jueves, 27 de junio de 2013
En la boca del huracán.
"Te queda muy bien esa camiseta".
"Dani, ¿es que no te das cuenta de cómo estoy contigo?"
"Si la relación no hubiera acabado como terminó, ahora las cosas serían muy distintas".
"No puedo seguir con Carmen".
"No, no puedo seguir con alguien solo por no hacerle daño".
"Tengo que pensármelo"
"Carmen se merece una oportunidad"
"Su personalidad me encanta... sin embargo, había cosas de ti que no me cuadraban... me dejaron de gustar antes de hacer un año juntos"
"Es que ella tiene una sonrisa preciosa"
"Nunca supe lo que yo significaba en tus ojos, pero sí sé lo que ven los ojos de Carmen"
"Por primera vez, con ella, me siento con confianza en una relación y siento que me quieren"
"¿Quieres que salgamos un rato esta noche?"
"Dani... Estás muy guapa, de verdad".
Siente algo por mi. Estoy segura de ello. No digo que sea amor, pero sí puede ser la melancolía de algo que fue, atracción, cariño, deseo... No lo sé. Pero eso se nota. No se queda impasivo ante mi, y eso me gusta.
Me mira fijamente a los ojos y sus pupilas se vuelven del color del cielo por la noche, tan oscuros, tan brillantes... como aquella última noche que nos vimos. Mira mi cuerpo, arriba, abajo... y sonríe cuando le pillo. Mira mi boca y se moja los labios.
Se tumba a mi lado en aquel césped, cierra los ojos y suspira. Está tranquilo. Hace un pequeño movimiento y se pega un poquito más a mi. Otro movimiento oportuno lo acerca más a mi cuerpo... y cada vez se acerca más, y más, y más... Hasta que acabamos abrazados. Tumbados y abrazados. Él entonces aprieta con fuerza. Yo siento mi pecho contra el suyo, mis costillas crujir y mi respiración entrecortarse. No se suelta (ni yo tampoco, pero es él quien tiene novia).
Seguimos abrazados y pegados, muy pegados. Tan pegados que nuestras narices chocan y nuestras pestañas se entrelazan.
Nos dan más de las doce. Nos hacemos los remolones. Ninguno de los dos quiere irse.
"Dani, ¿es que no te das cuenta de cómo estoy contigo?"
"Si la relación no hubiera acabado como terminó, ahora las cosas serían muy distintas".
"No puedo seguir con Carmen".
"No, no puedo seguir con alguien solo por no hacerle daño".
"Tengo que pensármelo"
"Carmen se merece una oportunidad"
"Su personalidad me encanta... sin embargo, había cosas de ti que no me cuadraban... me dejaron de gustar antes de hacer un año juntos"
"Es que ella tiene una sonrisa preciosa"
"Nunca supe lo que yo significaba en tus ojos, pero sí sé lo que ven los ojos de Carmen"
"Por primera vez, con ella, me siento con confianza en una relación y siento que me quieren"
"¿Quieres que salgamos un rato esta noche?"
"Dani... Estás muy guapa, de verdad".
Frases de él.
(No me confundas más, por favor)
Siente algo por mi. Estoy segura de ello. No digo que sea amor, pero sí puede ser la melancolía de algo que fue, atracción, cariño, deseo... No lo sé. Pero eso se nota. No se queda impasivo ante mi, y eso me gusta.
Me mira fijamente a los ojos y sus pupilas se vuelven del color del cielo por la noche, tan oscuros, tan brillantes... como aquella última noche que nos vimos. Mira mi cuerpo, arriba, abajo... y sonríe cuando le pillo. Mira mi boca y se moja los labios.
Se tumba a mi lado en aquel césped, cierra los ojos y suspira. Está tranquilo. Hace un pequeño movimiento y se pega un poquito más a mi. Otro movimiento oportuno lo acerca más a mi cuerpo... y cada vez se acerca más, y más, y más... Hasta que acabamos abrazados. Tumbados y abrazados. Él entonces aprieta con fuerza. Yo siento mi pecho contra el suyo, mis costillas crujir y mi respiración entrecortarse. No se suelta (ni yo tampoco, pero es él quien tiene novia).
Seguimos abrazados y pegados, muy pegados. Tan pegados que nuestras narices chocan y nuestras pestañas se entrelazan.
Nos dan más de las doce. Nos hacemos los remolones. Ninguno de los dos quiere irse.
Soy más Daniela que mi verdadero yo.
Hace años creé una vida paralela al mundo real. Hace años inventé un personaje al que bauticé como "Daniela", un personaje que sintiera y expresara lo que no me atrevía a mostrar al mundo. Fue entonces cuando me adentré en todo este mundo de internet. Tenía otro blog, allá por 2010. Me hice varias cuentas de Tuenti, Twitter, Facebook... Ahora, todo ese mundo paralelo es mi vida. Hablo más con mis amigos virtuales que con mis amigos de carne y hueso. Cuento más cosas escribiendo que hablando. Me muestro más como soy a través de Daniela que a través de mi verdadera identidad.
Toda esta falacia ha sido una vía de escape para mi durante muchos años. Y ahora, si me lo quitan, siento que me falta el aire. Siento que no soy yo. Daniela se ha apoderado de mi.
Pero últimamente me siento cohibida incluso en mi propio mundo imaginario. A veces siento que no puedo escribir todo lo que me gustaría o todo lo que pasa por mi mente por miedo a que algunas personas que me conocen lo lean. Cometí el error de enseñar este blog a personas de mi otra vida, creyendo que siempre permanecerían conmigo. Hoy, cuando ya no están a mi lado, temo escribir y ser juzgada o parecer ridícula.
Llevo semanas escribiendo en una libretita lo que me gustaría compartir con vosotras. Me paso las noches en vela, pensando si publicar mis sentimientos o no. Eso me haría vulnerable ante el otro, pero también mostraría mi valentía por ser capaz de reconocer lo que siento.
He decidido que voy a dejar de preocuparme de una vez por todas de aquello que piensen los demás y a partir de ahora voy a escribir sin censuras. Ya está bien de tener miedo. Miedo al ridículo, a ser juzgada, rechazada, criticada, abandonada...
¡Que les den a todos! Soy como soy y, como alguien me dijo una vez, unos te amarán por lo que eres y otros te odiarán por ello.
Toda esta falacia ha sido una vía de escape para mi durante muchos años. Y ahora, si me lo quitan, siento que me falta el aire. Siento que no soy yo. Daniela se ha apoderado de mi.
Pero últimamente me siento cohibida incluso en mi propio mundo imaginario. A veces siento que no puedo escribir todo lo que me gustaría o todo lo que pasa por mi mente por miedo a que algunas personas que me conocen lo lean. Cometí el error de enseñar este blog a personas de mi otra vida, creyendo que siempre permanecerían conmigo. Hoy, cuando ya no están a mi lado, temo escribir y ser juzgada o parecer ridícula.
Llevo semanas escribiendo en una libretita lo que me gustaría compartir con vosotras. Me paso las noches en vela, pensando si publicar mis sentimientos o no. Eso me haría vulnerable ante el otro, pero también mostraría mi valentía por ser capaz de reconocer lo que siento.
He decidido que voy a dejar de preocuparme de una vez por todas de aquello que piensen los demás y a partir de ahora voy a escribir sin censuras. Ya está bien de tener miedo. Miedo al ridículo, a ser juzgada, rechazada, criticada, abandonada...
¡Que les den a todos! Soy como soy y, como alguien me dijo una vez, unos te amarán por lo que eres y otros te odiarán por ello.
domingo, 23 de junio de 2013
Diferencias entre el TLP y el Trastorno Bipolar
Como veo que algunas personas me habéis preguntado por las diferencias entre ambos trastornos, he hecho un post con intención explicar en qué difieren el trastorno límite y la bipolaridad. Me he informado en distintas fuentes (uno de mis libros de medicina, algunas páginas de internet...) y he intentado explicar lo que he entendido yo de toda la información recopilada. Espero que os sirva para aclarar dudas.
Deciros que, la franja que separa ambos trastornos es muy fina y que, en muchas ocasiones, algunos autores prefieren considerar el TLP como una rama de la bipolaridad, por compartir síntomas característicos. Yo voy a tomar la teoría más usada en nuestros tiempos, aquella que diferencia el trastorno límite como un trastorno independiente.
La principal diferencia es que el TLP es un trastorno de la personalidad, mientras que el trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo.
El Trastorno Límite tiene las siguientes características:
1. Dificultades para definir quién es o quién quiere ser
2. Un historial de relaciones interpersonales muy intensas e intestables
3. Un historial de intensos esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario por parte de otras personas
4. Dificultades para controlar la ira
5. Un historial de conducta impulsiva o imprudente en relación con el sexo, el gasto o la comida, por ejemplo.
5. Un historial de actos destructivos (por ejemplo cortes en las muñecas o intentos de suicidio).
Los trastornos de personalidad son patrones duraderos o permanentes de alteraciones del pensamiento, la percepción, la respuesta emocional, la actividad interpersonal y el control de los impulsos. Las características distintivas del TLP son la inestabilidad del estado de ánimo, de las relaciones interpersonales y de la autoimagen o de la identidad personal.
Las personas con TLP tienen una sensación crónica de vacío, son prácticamente incapaces de estar solas y suelen amenazar con el suicidio.
También tienden a mostrar una notable reactividad del estado de ánimo y pueden caer con rapidez en un estado de profunda tristeza ("esa tristeza", como yo la suelo llamar), ansiedad o irritabilidad en respuesta a sucesos vinculados con sus relaciones íntimas.
Sus diferentes estados de ánimo tienden a durar unas horas y rara vez unos días. En general, el TLP permanece durante toda la vida del sujeto, aunque hay estudios recientes que señalan la mejoría con la edad. Esto es lógico puesto que la impulsividad y otros factores con componente temperamental (es decir, biológico) se van atenuando con la edad. De cualquier modo, la vida de las personas con TLP es de un profundo malestar si no entran en tratamiento.
Existen varios paralelismos entre el TLP y el trastorno bipolar, sobre todo con las formas de ciclos rápidos, pero también hay diferencias apreciables.
En el TLP, los cambios de estado de ánimo suelen ser muy breves e intensos y casi siempre surgen como reacción de la persona afectada a sentirse rechazada por alguien con quien mantiene una relación muy íntima.Los problemas de las personas con TLP son más visibles cuando se observan sus relaciones sentimentales. Tienden a alternar entre la idealización y la devaluación (pensamiento dicotómico: "o blanco, o negro"). Una misma persona les puede parecer la mejor persona del mundo y, de un día para otro, se les cae del pedestal y es una persona odiosa. No tienen término medio, o adoran u odian.
Esto es por la disociación (mecanismo de defensa por el cual el sujeto no relaciona aquellas partes de las realidad que no le interesa para crear su propia idea, ya sea olvidando ciertos detalles o creando una personalidad a parte, y llevando a cabo dos vidas diferentes-que es lo que yo hago,y hacemos todas con nuestros twitters y blogs). Este elemento es común con el trastorno bipolar.
En lineas generales, el trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo en el que alternan fases de bajo estado anímico (depresivas) con fases de ánimo excesivamente alto o eufórico (maníacas o hipomaníacas).
En cambio, en el trastorno límite de la personalidad, lo que se produce es un patrón de inestabilidad afectiva que tiende a la insatisfacción personal permanente, con sentimientos de vacío cronificados... También hay un patrón de relaciones interpersonales alterado. Para que lo entendáis, el TLP está más relacionado con las relaciones con los demás, mientras el trastorno bipolar no. Los cambios de humor que se producen en el TLP son mayoritariamente producidos por sentimientos de rechazo, por el miedo al abandono (ya sea real o no) o por los pensamientos obsesivos (me mira mal, no le caigo bien, todos me odian, están hablando mal de mi, piensa que soy gorda...).
Además, en cuanto al origen del trastorno hay bastantes diferencias: mientras que para el trastorno bipolar está claro que su origen es puramente biológico, para el trastorno límite de la personalidad hay quienes defienden que aunque puede tener un compente biológico, para que se desarrolle deben influir factores del desarrollo infantil y adolescente (crianza, familia, amigos, educación, primeras parejas, etc...) que no se contemplan para el trastorno bipolar.
El trastorno bipolar, por tanto, se puede tratar con medicación, mientras que el trastorno límite no. Por eso diagnosticar de trastorno bipolar a personas que en realidad tienen un TLP alienta a los pacientes y a sus familias a tener esperanzas poco realistas sobre lo que la medicación puede hacer.
Deciros que, la franja que separa ambos trastornos es muy fina y que, en muchas ocasiones, algunos autores prefieren considerar el TLP como una rama de la bipolaridad, por compartir síntomas característicos. Yo voy a tomar la teoría más usada en nuestros tiempos, aquella que diferencia el trastorno límite como un trastorno independiente.
La principal diferencia es que el TLP es un trastorno de la personalidad, mientras que el trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo.
El Trastorno Límite tiene las siguientes características:
1. Dificultades para definir quién es o quién quiere ser
2. Un historial de relaciones interpersonales muy intensas e intestables
3. Un historial de intensos esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario por parte de otras personas
4. Dificultades para controlar la ira
5. Un historial de conducta impulsiva o imprudente en relación con el sexo, el gasto o la comida, por ejemplo.
5. Un historial de actos destructivos (por ejemplo cortes en las muñecas o intentos de suicidio).
Los trastornos de personalidad son patrones duraderos o permanentes de alteraciones del pensamiento, la percepción, la respuesta emocional, la actividad interpersonal y el control de los impulsos. Las características distintivas del TLP son la inestabilidad del estado de ánimo, de las relaciones interpersonales y de la autoimagen o de la identidad personal.
Las personas con TLP tienen una sensación crónica de vacío, son prácticamente incapaces de estar solas y suelen amenazar con el suicidio.
También tienden a mostrar una notable reactividad del estado de ánimo y pueden caer con rapidez en un estado de profunda tristeza ("esa tristeza", como yo la suelo llamar), ansiedad o irritabilidad en respuesta a sucesos vinculados con sus relaciones íntimas.
Sus diferentes estados de ánimo tienden a durar unas horas y rara vez unos días. En general, el TLP permanece durante toda la vida del sujeto, aunque hay estudios recientes que señalan la mejoría con la edad. Esto es lógico puesto que la impulsividad y otros factores con componente temperamental (es decir, biológico) se van atenuando con la edad. De cualquier modo, la vida de las personas con TLP es de un profundo malestar si no entran en tratamiento.
Existen varios paralelismos entre el TLP y el trastorno bipolar, sobre todo con las formas de ciclos rápidos, pero también hay diferencias apreciables.
En el TLP, los cambios de estado de ánimo suelen ser muy breves e intensos y casi siempre surgen como reacción de la persona afectada a sentirse rechazada por alguien con quien mantiene una relación muy íntima.Los problemas de las personas con TLP son más visibles cuando se observan sus relaciones sentimentales. Tienden a alternar entre la idealización y la devaluación (pensamiento dicotómico: "o blanco, o negro"). Una misma persona les puede parecer la mejor persona del mundo y, de un día para otro, se les cae del pedestal y es una persona odiosa. No tienen término medio, o adoran u odian.
Esto es por la disociación (mecanismo de defensa por el cual el sujeto no relaciona aquellas partes de las realidad que no le interesa para crear su propia idea, ya sea olvidando ciertos detalles o creando una personalidad a parte, y llevando a cabo dos vidas diferentes-que es lo que yo hago,y hacemos todas con nuestros twitters y blogs). Este elemento es común con el trastorno bipolar.
En lineas generales, el trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo en el que alternan fases de bajo estado anímico (depresivas) con fases de ánimo excesivamente alto o eufórico (maníacas o hipomaníacas).
En cambio, en el trastorno límite de la personalidad, lo que se produce es un patrón de inestabilidad afectiva que tiende a la insatisfacción personal permanente, con sentimientos de vacío cronificados... También hay un patrón de relaciones interpersonales alterado. Para que lo entendáis, el TLP está más relacionado con las relaciones con los demás, mientras el trastorno bipolar no. Los cambios de humor que se producen en el TLP son mayoritariamente producidos por sentimientos de rechazo, por el miedo al abandono (ya sea real o no) o por los pensamientos obsesivos (me mira mal, no le caigo bien, todos me odian, están hablando mal de mi, piensa que soy gorda...).
Además, en cuanto al origen del trastorno hay bastantes diferencias: mientras que para el trastorno bipolar está claro que su origen es puramente biológico, para el trastorno límite de la personalidad hay quienes defienden que aunque puede tener un compente biológico, para que se desarrolle deben influir factores del desarrollo infantil y adolescente (crianza, familia, amigos, educación, primeras parejas, etc...) que no se contemplan para el trastorno bipolar.
El trastorno bipolar, por tanto, se puede tratar con medicación, mientras que el trastorno límite no. Por eso diagnosticar de trastorno bipolar a personas que en realidad tienen un TLP alienta a los pacientes y a sus familias a tener esperanzas poco realistas sobre lo que la medicación puede hacer.
sábado, 22 de junio de 2013
Al límite.
Creo que es algo que nunca os he comentado. Quizás porque no pilló de sorpresa, quizás porque lo tengo demasiado normalizado en mi vida, quizás porque creo que es algo evidente en mi... no lo sé. El caso es que hace un par de meses me diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Trastorno Bordelaine.
Muchos habréis escuchado hablar de él. Muchos os habréis autoimpuesto la etiqueta de Bordelaine, al igual que ahora está de moda ponerse la etiqueta de bipolar (sin haber sido diagnosticado ni tener idea de todo lo que ello conlleva).
Este trastorno es algo que jode bastante. Te vuelves loca. Tienes comportamientos extraños, contradictorios, que no comprendes. Tú misma te llegas a preguntar "¿pero qué me está ocurriendo? ¿por qué hago esto, si no es mi intención?". Llegas a pensar que estás loca, que eres mala, que eres asquerosamente dependiente de los demás. Te sientes un bicho raro, sientes que no encajas con nadie y en ningún lugar y haces de todo para intentar agradar (de TODO, incluso cosas de las que no estarías orgullosa). Y luego viene la culpa y el asco hacia una misma.
El trastorno límite de la personalidad tiene tres rasgos primordiales:
Emocionalmente tienen un desajuste muy importante, por ello necesitan constantemente sentirse aceptados por el resto, e incluso que el resto les verbalice lo buenos que son, o lo bien que se está con ellos. Necesitan a menudo ser el centro de atención, y si no lo consiguen, tienden a enfadarse, irritarse y posiblemente a hacer un Show de la situación dramatizándola. Las emociones generalmente las viven de forma magnificada, si algo se bueno, para ellos es buenísimo, y si ocurre algo malo, es una catástrofe. Emocionalmente tienen serias dificultades para aceptar un NO por parte de otra persona.
A nivel interpersonal su vida se vuelve muy compleja, y tienen varias experiencias dolorosas de parejas, amigos… que les han dado la espada o les han traicionado directamente. Tienden a monopolizar las relaciones, llegando a ahogar al otro. Y uniéndolo al pensamiento polarizado que comentábamos al principio, pueden considerar a una persona como magnífica y colocarla para ellos encima de un pedestal, para al cabo de un tiempo, considerar a esa misma persona como un traidor y su mayor enemigo. En las relaciones de pareja, las personas con trastorno límite de la personalidad se enamoran muy rápidamente, y se sienten convencidos que han encontrado a su pareja ideal, siguen el mismo patrón ensalzando a la persona y en este caso son capaces de dejarse hacer lo que sea con tal de no sentirse abandonados por su pareja, ya sea por un abandono real que pueda ser o por uno que la persona con trastorno límite se imagine que pueda ocurrir.
Otras características muy importantes del trastorno límite de la personalidad son:
Muchos habréis escuchado hablar de él. Muchos os habréis autoimpuesto la etiqueta de Bordelaine, al igual que ahora está de moda ponerse la etiqueta de bipolar (sin haber sido diagnosticado ni tener idea de todo lo que ello conlleva).
Este trastorno es algo que jode bastante. Te vuelves loca. Tienes comportamientos extraños, contradictorios, que no comprendes. Tú misma te llegas a preguntar "¿pero qué me está ocurriendo? ¿por qué hago esto, si no es mi intención?". Llegas a pensar que estás loca, que eres mala, que eres asquerosamente dependiente de los demás. Te sientes un bicho raro, sientes que no encajas con nadie y en ningún lugar y haces de todo para intentar agradar (de TODO, incluso cosas de las que no estarías orgullosa). Y luego viene la culpa y el asco hacia una misma.
El trastorno límite de la personalidad tiene tres rasgos primordiales:
- Pensamiento polarizado.
- Altibajos emocionales muy acentuados y repentinos.
- Relaciones interpersonales caóticas.
Las personas con trastorno límite de la personalidad poseen un pensamiento que va de un extremo al otro, se podría decir que de un límite al otro. Más allá de ser extremistas, se muestran muy impulsivos y con facilidad cambian de opinión y se van al polo opuesto. Por ello es fácil que al día siguiente o esa misma tarde estén haciendo lo contrario a lo que hubieran hecho por la mañana.
Emocionalmente tienen un desajuste muy importante, por ello necesitan constantemente sentirse aceptados por el resto, e incluso que el resto les verbalice lo buenos que son, o lo bien que se está con ellos. Necesitan a menudo ser el centro de atención, y si no lo consiguen, tienden a enfadarse, irritarse y posiblemente a hacer un Show de la situación dramatizándola. Las emociones generalmente las viven de forma magnificada, si algo se bueno, para ellos es buenísimo, y si ocurre algo malo, es una catástrofe. Emocionalmente tienen serias dificultades para aceptar un NO por parte de otra persona.
A nivel interpersonal su vida se vuelve muy compleja, y tienen varias experiencias dolorosas de parejas, amigos… que les han dado la espada o les han traicionado directamente. Tienden a monopolizar las relaciones, llegando a ahogar al otro. Y uniéndolo al pensamiento polarizado que comentábamos al principio, pueden considerar a una persona como magnífica y colocarla para ellos encima de un pedestal, para al cabo de un tiempo, considerar a esa misma persona como un traidor y su mayor enemigo. En las relaciones de pareja, las personas con trastorno límite de la personalidad se enamoran muy rápidamente, y se sienten convencidos que han encontrado a su pareja ideal, siguen el mismo patrón ensalzando a la persona y en este caso son capaces de dejarse hacer lo que sea con tal de no sentirse abandonados por su pareja, ya sea por un abandono real que pueda ser o por uno que la persona con trastorno límite se imagine que pueda ocurrir.
- Comportamientos autolesivos o amenazas de ellos. Pueden presentar ideas de suicidio recurrentes.
- Ira inapropiada e intensa y dificultades para manejarla.
- Sentimientos crónicos de vacío.
- Impulsividad en dos o más áreas potencialmente dañinas para su salud como: Drogas, conducción temeraria, gastos, sexo, atracones de comida…
Aquí os dejo un enlace, por si queréis saber más, donde viene explicado con mucho más detalle cómo se siente la persona con TLP: http://www.cat-barcelona.com/pdf/biblioteca/trastornos-de-personalidad/1_-_trastorno_limite_de_personalidad.pdf
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